De dos en dos

Javier Anso

Dignidad

LAS situaciones difíciles ponen a prueba a las personas y les proporcionan la ocasión de demostrar cómo son. Recuerdo haber leído que en un campo de concentración alemán cuando las prisioneras francesas encontraban un poco de manteca, se comían una parte y se ayudaban a aplicarse el resto alrededor de los ojos para que cuando volvieran a casa sus familias las encontraran bellas y sin arrugas. He asociado siempre ese recuerdo al concepto de dignidad.

Somos dignos cuando no renunciamos a seguir vivos, a luchar por lo que amamos o creemos, aún en medio de la adversidad. "El hoy es malo pero el mañana es mío", parecen decir, con Antonio Machado, quienes así se comportan.

Henning Mankell, relata una anécdota que le impactó profundamente. En 1991, en un Mozambique en guerra, encontró en un camino "un joven que vestía harapos. Una vez que lo tuve cerca, pude ver sus pies. Y vi en ellos algo que no olvidaré nunca. Se había pintado en ellos un par de zapatos; había intentado preservar su dignidad. Y, puesto que no tenía zapatos, se los creó él mismo. Es decir, se los pintó en los pies y, con ello, pintó en su conciencia la fortaleza, la certeza de que, pese al desastre, él era un ser humano que conservaba su dignidad.

Lo que aquel joven me reveló con sus pies pintados fue que la dignidad humana puede conservarse y defenderse aunque todo lo demás parezca perdido. Me reveló que todos debemos ser conscientes de que también a nosotros puede llegarnos el día en que tengamos que pintarnos un par de zapatos en los pies".

Tal vez hoy, en medio de la crisis, también necesitemos pintarnos los pies y recordar que nuestra dignidad no depende de las estadísticas ni de las cotizaciones en bolsa.

Vi hace poco un cartel que me hizo pensar. Representaba a dos familias. Una decía: "Necesitamos ayuda"; la otra: "Necesitamos ayudar". En sus rostros y en sus palabras, había dignidad; y ganas, como en aquellas mujeres francesas, de ayudarse para defenderla.

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