Con la venia

Fernando Santiago

fdosantiago@prensacadiz.org

Demagogia religiosa

Escena 1ª: Susana Díaz con su niño de dos años ante la imagen de la Esperanza de Triana con su marido (del que dijo en el Parlamento de Andalucía "¿qué quieren ustedes si me he casado con un tieso?") y el hermano mayor de la cofradía delante de todas las cámaras de televisión. Igual en la recogida. Por supuesto el rostro del niño sin velar ya que es la misma madre quien convoca a los medios. Cabe suponer que en el futuro nadie reclamará la protección establecida por la Ley del Menor. La Presidenta-Madre hace unas declaraciones contando cómo su hijo sigue las tradiciones de su barrio y de su familia. Mater amantísima, ora pro nobis. Mater Dolorosa, ora pro nobis.

Escena 2ª Cuatro ministros del Gobierno de España presencian cómo una unidad del Ejército, la Legión, desfila con el Cristo de la Buena Muerte de Málaga al son de "Novios de la muerte". Se ve que no había nada más importante en sus departamentos que asistir al acto católico-castrense. Lo bien que debe ir España cuando cuatro ministros no tienen otra cosa mejor que hacer. De manera paralela en todos los establecimientos militares la bandera de España ondea a media asta. Por todo el territorio cientos de militares desfilan en distintas procesiones volviendo a la tradicional colusión entre Iglesia y Estado que se ha dado desde siempre en España.

Escena 3ª El ministro de Asuntos Exteriores, Alfonso Dastis, dedica dos días enteros de su tiempo para visitar cofradías en Jerez, San Fernando y Cádiz con el acompañamiento de los candidatos y cargos públicos locales del PP ante la presencia de las cámaras.

Escena 4ª El alcalde de Cádiz procesiona "como gaditano y como hijo" en la penitencia del Nazareno según informa oficialmente el propio Ayuntamiento. Concejales del PSOE, PP y Ciudadanos lo hacen en la presidencia del cortejo. José María González, como el Caricato de Dos Hermanas ,"cofrade y ateo". Un nivel ético e intelectual de gran altura, como pueden ustedes comprobar. París bien vale una misa así que toda mención a la laicidad queda aparcada por un puñado de votos.

Conclusión: volvemos a la España devota de Frascuelo y de María, a la del brazo incorrupto de Santa Teresa y Santiago Matamoros, esta vez ante las cámaras y para buscar el voto fácil y simplón en una actuación del más detestable populismo, lo haga el PSOE, el PP o Podemos. Todos a una para ganarse las simpatías de la población en eso que llaman religiosidad popular. Los pueblos más desarrollados de Europa carecen de ese concepto.

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