De poco un todo

enrique / garcía / mÁiquez /

Cuestión de tiempo

Como saltando a la comba con la nerviosa línea del tiempo, escribir en un periódico. Lo hago unas horas antes de la final de la Champions, que tiene al país en vilo, y ustedes me leerán con el resultado más que asumido, las celebraciones (en su caso) hechas hasta la extenuación y las lamentaciones (en su otro caso) apuradas a fondo. Quizá nos quede aún un rescoldo de emoción que abrigaremos con mimo hasta el lunes para las conversaciones y bromas del trabajo, pero todo se apaga. ¡Con lo que hemos ardido en los días y semanas y meses previos al partido! Sería ahora, pues, un buen momento para entonar un Sic transit gloria mundi.

¿Pasará lo mismo con las elecciones? Ojalá no, y que tanto esfuerzo económico, mediático, personal de afiliados y simpatizantes no acabe como una caña quemada después de unos fuegos artificiales. Tienen razón los que opinan que al ser unas elecciones europeas, donde el resultado final depende de que salga en todos los países, la importancia de nuestro voto se diluye proporcionalmente, y todavía más si tenemos en cuenta la escasa fluidez democrática de las instituciones europeas.

¿Resulta inútil votar? Desde mi punto de vista, en absoluto. Se trata de una encuesta universal; y, teniendo presente que los políticos se mueven a golpe de encuesta, es una oportunidad de hablar alto y claro.

La abstención también habla, claro; pero no alto, y permite glosas excesivamente creativas que reparten, sobre todo, las culpas por igual.

Lo interesante de las elecciones es después: hacer la lectura más enriquecedora y realista de los resultados. Hemos de estar preparados, porque los grandes partidos, igual que han tratado -y, en buena medida, conseguido- entorpecer la campaña con burdos desbarres de barra de bar, tratarán de hacer una interpretación cuantitativa y borrosa. La clave, en cambio, estará en los matices cualitativos, que indican tendencias y posicionamientos críticos.

También aquí estamos frente a otra raya del tiempo. Tras la reflexión de ayer, que para mí es hoy, cuando escribo, votamos hoy, cuando me leen. Y ya haremos nuestra lectura el lunes, la sopesaremos el martes y el miércoles la publicaré aquí. Entonces muchos creerán que las elecciones habrán pasado hace un siglo, pero lo único que acaba es la campaña, gracias a Dios. La política de verdad, el análisis de fondo y la democracia posible tienen que empezar, en buena ley, el lunes.

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