Al punto

Juan Ojeda

Cuestión de equilibrios

LA verdad es que a Rubalcaba se le pueden achacar muchas cosas, pero creo que no hay muchos que piensen, ni siquiera los más sectarios, que es tonto. Todo lo contrario, hasta sus más convencidos adversarios, incluso enemigos, que los tiene, empiezan, cuando hablan de él, diciendo que es un tío listo, muy listo, ahora bien… Y después viene la relación de sus defectos. Lo que sí parece seguro es que el ministro del Interior no es de los que dan puntadas sin hilo.

De ahí que haya causado sorpresa su pública advertencia de que ETA puede estar preparando un par de atentados importantes, o incluso un secuestro sonado. Como es natural, se han encendido todas las alarmas y mucha gente, con razón, se ha puesto en guardia. Lo que ha hecho Rubalcaba ha sido provocar miedo, lo cual es fácilmente entendible porque lo que ha dicho es que puede suceder, en cualquier momento, lo que no ha dejado de suceder en los casi cuarenta años que ETA lleva atentando, matando y secuestrando. Por tanto, que ahora el ministro del Interior adelante la posibilidad de que los etarras vuelvan a actuar no es motivo de sorpresa por el contenido del anuncio, perfectamente creíble, sino por el hecho mismo del anuncio.

Supone uno, por aquello de las puntadas con hilo, que lo que Rubalcaba pretendía era llevar a cabo una advertencia preventiva. Es decir que, en el fondo, más que un mensaje a la sociedad era un mensaje a los asesinos. Algo así como que sí sabemos lo que estáis preparando, cuidadito, que estamos en alerta, y no os va a ser tan fácil. Evidentemente, también para los posibles amenazados es una invitación a redoblar las precauciones.

Pero todo esto, con ser cierto, presenta otra faceta que no podemos olvidar. Y es que se le ha dado un protagonismo a ETA que puede resultar contraproducente en un momento en que todos los españoles, excepto la minoría de siempre, hemos llegado al convencimiento, aunque unos después que otros, de que no existen otros caminos para terminar con el terrorismo etarra que la labor policial, la firmeza judicial y el rechazo social. No hay ni puede haber atajos.

Por eso, el hecho de que la amenaza que supone ETA, que nunca ha dejado de estar ahí, vuelva a ocupar espacios preferentes en el imaginario popular, es algo sobre lo que hay que reflexionar. Se puede opinar que Rubalcaba ha tenido parte de acierto en su decisión, pero también ha corrido un riesgo considerable. Y es que la vida, como siempre, es cuestión de equilibrios.

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