Estación verano

David Almorza

Crisis de verano

En verano son dos las crisis principales: la crisis de los cuarenta y la crisis económica. La primera es la responsable de las operaciones salida y también de los atascos de la temporada veraniega en muchas ciudades. Y es cierto, porque en cuanto llegan los cuarenta (grados, evidentemente, porque estamos hablando de la crisis de los cuarenta grados centígrados) en el termómetro, es saludable y conveniente viajar y trasladarse, si es posible, a zonas más frescas.

En cuanto a la crisis económica de verano, no se refiere a los actuales debates nacionales sobre la existencia o no de esta crisis. No estoy preparado para ellos. De hecho sólo sé que cuando el IPC sube es una mala cosa que además afecta directamente al mercado de valores, que viene a ser el valor que hay que tener para ir al mercado con estos precios. Una versión más localista del IPC, y que también es una referencia económica, es el Índice de Precios de la Caballa, que se establece en La Palma Street.

La crisis económica aparece cuando llega el verano porque se gasta más, tanto por comprar más cosas, como porque las cosas que se compran están más caras. Los guiris (y el turismo es pieza clave para la economía del país) ya casi entienden con facilidad los precios de los productos gracias a la llegada de la moneda única europea. A propósito, está muy bien que en Euro-pa se haya escogido el Euro como moneda única. Habría que hacer algo parecido, y también de fácil asociación de ideas, en los demás continentes.

La crisis económica también tiene su moneda, y aparece justo después del verano. Cuanto más se usa indica que mayor es la crisis. La moneda es el Melo, o en su denominación completa: me-lo-apuntas-que-ya-te-lo-pago.

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