de todo un poco

enrique / garcía-máiquez

Coste, casta, costo

HAY una cita de Otto von Bismarck que no puedo recordar sin un leve regodeo de placer, tanto intelectual como sentimental: "Estoy firmemente convencido de que España es el país más fuerte del mundo. Lleva siglos queriendo destruirse a sí mismo y todavía no lo ha conseguido". Esta cita tiene una variante actual, bastante devaluada y economicista, como exigen estos tiempos tan monetarios, que circula mucho: "España es el país más rico del mundo, pues ha sostenido a tantísimos ladrones y aún seguimos teniendo, mal que bien, para vivir".

Reconociéndole cierta gracia e, incluso, una mínima parte de razón, hay muchas matizaciones que hacer. El montante de lo distraído y abducido al norte, al sur, al este, al oeste, al centro (y p'adentro) es inmenso. En términos de coste de oportunidad, de haberse empleado en políticas de empleo o, sobre todo, en rebajar la presión fiscal, habría creado una riqueza, una prosperidad y, en consecuencia, una libertad, que son incalculables, aunque perfectamente imaginables.

También es imposible de calcular pero deducible lo que la corrupción ha supuesto para todo el sistema. Ha creado grandes zonas de penumbra, donde no se delinquía, pero donde políticos y gestores, amparados por el latrocinio de sus superiores, se relajaban, se divertían, se cubrían las espaldas y se reían las gracietas. No hace falta que el mal ejemplo sea estrictamente imitado para que resulte devastador. Éste, y no otro, ha sido el caldo gordo de cultivo de lo que ahora llamamos "la casta", y que provoca naturales rechazos más allá del discurso de Podemos, que los rentabiliza, y cuánto.

Y, al fondo, hay que tener en cuenta el invisible costo moral. La frase "De ahora en adelante, de ética y de moral hablaremos nosotros", perpetrada por un Jordi Pujol de oscuros tejemanejes en la sombra desde un solemne balcón simbólico, resulta un paradigma insuperable. Pero retrata, mucho más que a un personaje, a todo un montaje. ¿Qué partido, qué oposición, qué prensa, qué fiscales, qué pactos ocultos, qué trampantojos han amparado semejantes actitudes? Se van conociendo muchos retazos, pero está por escribir una narración de todos estos años que conecte unos casos con otros. Podría llamarse El Puzzle. Será la mayor novela picaresca jamás contada. ¿Cómo iban a preocuparse de verdad éstos de ningún principio, del bien común, de la salud de la nación, del buen gobierno?

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