Columna de plata fina

Metáfora para expresar el amor de un Cádiz perdido, que se embarcaba hacia infinitos horizontes

Entre todos los misterios de la Flagelación que salen en la Semana Santa andaluza, ninguno tiene una columna como la de Cádiz. Es una obra de arte histórica, documentada y autenticada por sí misma. En la base de la pieza, se indica que el capitán Simón de la Sierra y Fonseca y el capitán Velázquez Larios, fundadores de la Archicofradía del Stmo. Cristo de la Columna de Cádiz, donaron esta columna, en el año 1666. También está muy clara la autoría: "Franco Zuarez me fecit en México". El año pasado se cumplieron los 350 años de esa columna de plata.

La historia nos la podemos imaginar. Los capitanes Simón Sierra Fonseca y Velázquez Larios, que fueron cofundadores de la Archicofradía en 1660, se la encargan al platero Francisco Suárez, que trabajaba en la ciudad de México. A esa archicofradía, desde los comienzos, pertenecían muchos marinos que hacían la carrera de Indias.

La columna llega a Cádiz y se pone al servicio de la imagen del Señor, que habían encargado, en 1660, al taller de Jacinto Pimentel. En sus primeros años, parece ser que había tenido otra de madera tallada. Todavía no contaba la hermandad con las imágenes de los dos sayones, que serían tallados más de un siglo después, en 1774, por Jácome Maggio, quien aprendió el oficio de escultor con su padre, Francisco, autor del Cristo de la Piedad, que también sale hoy.

Sobre la gran acogida que mereció en Cádiz esa columna de plata, escribió Lorenzo Alonso de la Sierra: "Pocos años después de su llegada, en 1682, Antonia de León y Villaseca hizo traer de la Nueva España una pieza de características semejantes para el Cristo atado a la columna de la iglesia de San Juan de Dios". Había causado sensación y se reprodujo con otra imagen.

Hoy esta columna de plata del Señor que sale de San Antonio es un testimonio vivo del Cádiz americano. Me comentaba Manuel Ravina, director del Archivo de Indias, que cuando se habla del Tricentenario de la Casa de la Contratación, y de lo que supuso para la ciudad el comercio americano, no nos damos cuenta de que está presente en piezas, como esta columna, que vemos en Semana Santa. No existiría sin el comercio de América. Posiblemente, tampoco existiría la hermandad, sin los capitanes y marinos que la fundaron en el siglo XVII.

Columna de plata fina, que sustenta el dolor del Cristo flagelado. Metáfora para el amor de un Cádiz perdido, que se embarcaba hacia infinitos horizontes. Así expresaron su devoción al Señor, que con el tiempo sería el Aguador de la sed de los gaditanos.

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