Tribuna libre

Andad-Madres Unidas Contra La Droga

¿Castigar o rehabilitar?

DURANTE año y medio, con frío, calor y lluvia José Mari y Lola pusieron su tienda en la puerta del Ayuntamiento. Dos sillas de playa, dos paraguas y un letrero: "Me encuentro en la calle, tengo derecho a una vivienda y trabajo". Dos derechos fundamentales, reconocidos por la Constitución, para que la vida de cualquier pareja pueda considerarse vida. Allí los veíamos todos los días cuando nos acercábamos por el Polvorista.

Su constante y larga denuncia parece que surtió efecto. Hacía pocos días que José Mari había firmado un contrato fijo con una empresa de desatascos y, además, el Ayuntamiento le había conseguido un piso que estaban comenzando a amueblar. El horizonte parecía despejarse y una nueva vida abría sus puertas para ellos. Sin embargo, la vida de los pobres no suele ser fácil ni tranquila. El día 9 de junio, la Policía Nacional, prestando su voz y sus manos a la Justicia, llamó al recién estrenado domicilio y rompió de un plumazo todos los sueños, las ilusiones y los esfuerzos de esta pareja. Él salió de su casa y, con parada en la Comisaría, fue llevado a Puerto II. ¿Qué había sucedido? Pues lo que le pasa a cientos de ex toxicómanos: que en sus años de adicción van por la vida con el "mono" a cuestas y, para conseguir la imprescindible dosis diaria de droga, comenten delitos, generalmente robos con violencia. La opinión pública suele creer que no pasa nada, que "entran por una puerta y salen por la otra". Que se lo digan a José Mari. La justicia nunca olvida los delitos, sobre todo de los pobres; pero además, como es tan lenta, suele actuar con muchos drogodependientes cuando, después de duras y dolorosas luchas consigo mismos y con la droga, han conseguido salir del infierno de la adicción. Tenemos el convencimiento de que la sociedad y la legislación penal que nos hemos dado no busca tanto la rehabilitación de las personas cuanto el castigo y la venganza pura y dura. ¿Por qué ante el caso de José Mari o el de Ricardi, que se ha tenido que "comer" un montón de años de cárcel por un delito que ahora dicen que no ha cometido, no salimos todos a recoger firmas y a presionar al Gobierno, para que esto no vuelva a suceder?

Nos mueve más el castigo que el perdón, apostamos más por la venganza que por la recuperación de las personas. Y nos estamos equivocando porque el castigo, si no está dentro de un proceso de reeducación de conductas, es peligroso, deshumaniza y lleva a los individuos y a la sociedad a un callejón sin salida. Ya están diciendo que Puerto III está lleno. ¿Qué hacer? ¿Comenzamos ya a pensar en construir Puerto IV o cambiamos el rumbo de nuestra política penitenciaria? Desde ANDAD, una vez más, afirmamos rotundamente que la cárcel no rehabilita a las personas, sino que las devuelve a la sociedad en peores condiciones que cuando entraron en ella. Una prisión no da más seguridad en su entorno, sino que contribuye a que la convivencia de los pueblos que las albergan se vuelva más conflictiva e insegura. En el caso concreto de José Mari manifestamos nuestro apoyo y disposición a colaborar con las iniciativas que surjan para arreglar esta situación absurda, que ha creado una justicia que no tiene corazón, ni atiende a la situación de las personas.

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios