Miki&duartela esquinacrónica personal

José Aguilar / Pilar Cernuda

Casas fue colegaCosta

EL extremado partidismo y la extremada politización de la Justicia enrarecen tanto la vida pública que nadie puede emitir una opinión personal sin que automáticamente lo encasillen. Un caso como el de la presidenta del Tribunal Constitucional, María Emilia Casas, que aconsejó a una abogada a la que no conocía en un pleito por la custodia de su hija, no hay manera de enfocarlo sin verse envuelto en el conflicto entre los que quieren mantenerla en el cargo y quienes querrían echarla por cálculo político: por el papel decisivo del TC que encabeza sobre el futuro del Estatuto catalán.

Habrá que arriesgarse y abstraerse de estos condicionantes. Casas no incurrió en delito alguno, como acaba de dictar el Tribunal Supremo, pero creo que fue imprudente al aconsejar a la mujer que le habían recomendado, al llamarla ella misma por teléfono -hubiera sido más normal una llamada a la inversa- y al recomendarle que hiciera desembocar el litigio con su marido en un recurso de amparo ante el Constitucional (el tribunal que ella preside). Es cierto que fue en el transcurso de su conversación telefónica cuando la presidenta conoció que su interlocutora era sospechosa de haber contratado a unos sicarios para que asesinaran a su ex marido, y que entonces cambió por completo el tono de su charla.

La temeridad de María Emilia Casas creo yo que estuvo originada por una mezcla de torpeza, colegueo y feminismo mal entendido. Creyó sinceramente que la letrada era una mujer maltratada y la remitió a dos abogadas pertenecientes a la Federación de Mujeres Progresistas. Un amigo me hace hincapié en este punto: esta organización fue la promotora de la reforma del Código Penal que aumenta la condena en los casos de violencia de género en los que el agresor es el hombre, singular excepción del principio de igualdad cuya dudosa constitucionalidad ha sido despejada en sentido favorable... por el TC presidido por María Emilia Casas. Sin proponérsele, Casas ayudó a una mujer que presentó denuncia falsa contra su esposo, a la que el juez retiró la custodia de su hija por considerarla inadecuada y que después fue imputada por asesinato, y en ello sigue.

Mal asunto. Antes que mujer, y mucho antes que feminista, María Emilia Casas es la cuarta o quinta autoridad del Estado democrático y como tal ha de comportarse en su trabajo y en su casa, en lo público y en lo privado. No puede permitirse el colegueo de ninguna manera. No sé si debe dimitir o no ni me da la gana alinearme con ninguno de los bandos que se han reproducido en torno a su caso. Sólo sé que hizo mal, que fue descuidada e imprudente. Como no puede serlo la presidenta del Tribunal Constitucional.

TIENE aspecto de pijo y no le acompañan la voz ni el aspecto, efectivamente da la imagen de pijo, pero no cabe engañarse respecto a Juan Costa: tiene una cabeza bien estructurada, nadie pone un pero a su formación económica -no fue Rato quien lo llevó al FMI, sino un alto cargo indio que conocía su trayectoria- y no es ningún bisoño en política. Cosa distinta es que esté acertando en la forma en que ha planteado una posible segunda candidatura a la presidencia del PP.

Cualquiera que conozca a fondo el PP llega a la conclusión de que en este momento Rajoy es el mejor candidato posible, por experiencia, porque cuenta con escaño en el Congreso y porque conoce muy bien el funcionamiento interno del partido; pero es evidente también que desde las elecciones de marzo ha cometido errores de bulto, y personas que le apoyaban de forma incuestionable y leal se han sentido decepcionados por su actitud y por los pasos que ha dado. Miran entonces hacia otro lado para buscar una posible alternativa y no encuentran muchas más aparte de Costa. Puede haberlos más formados y que provocan más ilusión, pero no son diputados; y es impensable hoy por hoy que el líder de la oposición no pueda enfrentarse al presidente del Gobierno en sede parlamentaria.

Juan Costa está muy lejos de ser un líder político, pero ante un Rajoy que promociona a caras de escasa relevancia y pocas simpatías, se empiezan a mover las cosas en torno a un Juan Costa que no es un mindundi como reconoció el propio Rajoy al encargarle el programa.

No ha hecho pública todavía su decisión, pendiente de una conversación con Rajoy, pero no se puede infravalorar lo que significaría la presentación de su candidatura. No tiene posibilidad de ganar si se presenta, aunque seguramente no le faltarán los avales necesarios, entre otras razones porque el propio Rajoy facilitaría que le llegaran a tiempo, le haría un daño excesivo que no pudiera salir adelante una candidatura adversaria por falta de avales. Pero el hecho de que se visualice en el PP otra opción con Juan Costa como cabeza y con el apoyo de algunas de las personas más queridas en el PP que hoy se encuentran en el ostracismo, daría vitalidad a un partido que ahora mismo se mueve entre la desazón y la preocupación, porque se margina a muchos de los mejores, otros se autoeliminan y pasan a primera línea personas que no han demostrado méritos para asumir responsabilidades.

Porque en el congreso de Valencia la ponencia política importa poco, la línea ideológica del PP no ha cambiado respecto a su programa electoral. Lo que importa es el nuevo equipo. Y siendo Rajoy el mejor de los posibles presidentes del PP, si falla en la elección de sus colaboradores tiene muchas papeletas para no ser candidato a la presidencia del Gobierno en las próximas elecciones.

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