Esta semana ha dado la vuelta al mundo la imagen de Elon Musk, un multimillonario norteamericano nacido en Sudáfrica, que es un genio moderno que hizo su primer negocio de niño y ha fundado un montón de empresas de éxito a lo largo de su vida, como Pay-Pal, Tesla y SpaceX. Precisamente SpaceX lanzó el martes un triple cohete recuperable para llevar al espacio un coche eléctrico de la marca Tesla. Todo el mundo se ha fijado en lo baratas que salen las lanzaderas si las recuperas. O que el proyecto era mandar el vehículo a Marte, aunque haya quedado vagando por el universo.

También se han abierto interesantes debates sobre la filosofía del empresario: partidario de las energías limpias para luchar contra el calentamiento global, contrario al uso de combustibles sólidos y temeroso de que la inteligencia artificial acabe dominando a los seres humanos. Un ilustrado del siglo XXI. Pero en realidad lo que ha hecho Musk es lanzar un modelo de coche eléctrico, el Tesla Roadster, por un precio módico. Los expertos dicen que una campaña semejante de lanzamiento global de un nuevo tipo de automóvil podría llegar a costar del orden de 500 millones de euros; pues a Musk este número circense le ha salido por 90, según declaración propia. Y, encima, todo el mundo fascinado. Eso sí, por mono que sea el coche, por guay que sea la música de David Bowie y por mucho que mole el letrero de "hecho por humanos", nada de eso quita que lo que Musk ha provocado es basura.

Estamos ante la operación de branded content más espectacular de todos los tiempos. Red Bull ya utilizó esta técnica de marketing, basada en generar contenidos de prestigio y audacia vinculados a una marca para conectar con el consumidor de manera subliminal. Hace cinco años, en octubre de 2012, el experto paracaidista Felix Baumgartner saltó al vacío desde 39.000 metros de altura, en la estratosfera. Fue el primer hombre en romper la velocidad del sonido sin propulsión. El salto, retransmitido en directo por televisión fue uno de los eventos mundiales más mediáticos de la historia.

Estos resultados animarán a imitadores. Pero es un camino limitado. Imaginemos en qué se convertiría el cosmos si quien quisiera promocionar por todo lo alto un lanzamiento de nuevos modelos de móviles, videoconsolas u ordenadores enviase una réplica al cielo envuelta en una hermosa coartada. En fin, Musk ha dado un gran paso en la carrera privada del espacio, pero está generando residuos. Su coche será de diseño, pero es basura espacial.

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