Un punto de vista: tal como yo lo veo, tras la larga dictadura vivida en este país producto de un golpe de Estado y de la guerra que este provocó, en aras de una reconciliación marcada por la obligación inteligente de mirar al futuro, los perdedores de aquella guerra y sus hijos aceptaron los colores de la enseña que presidió las tropas de los vencedores. Olvidemos, se dijeron unos a otros, pensemos en lo que tiene que venir, y lo que vino fue estupendo. Pero parece que para muchos no existe la capacidad de olvidar. Desde el principio pensaron que aquel régimen legal, asimilable a las democracias hoy vigentes en España y en toda Euroa, y derribado sangrientamente por la fuerza, merecía la condena eterna. La suya y la de su recuerdo. Y ahora se sienten ofendidos por la bandera que recuerda sus valores. Los herederos de la República debían aceptar los colores de los vencedores, pero además, guardarse para siempre la suya.

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