Su propio afán

enrique / garcía / mÁiquez /

Baile de máscaras

COMO todo sale a la luz, han salido unas fotos de la fiesta que el 12 de diciembre de 1972 dio, en el más absoluto secreto, Marie-Hélène de Rothschild. Era un baile de máscaras dedicado a los Illuminatti. Dalí andaba entre los invitados y, lo que es aún más grave, entre los diseñadores de los disfraces. El producto resultaba a medias inquietante y a medias repulsivo: cabezas de animales, rostros deformados por el maquillaje, jaulas y muros encerrando las cabezas… La primera impresión es la de un Inferno de Dante de guardarropía psicodélica, propio de quien no ha leído al florentino. Para favorecer el efecto, el Château de Ferrières, donde se celebró la cosa, se iluminó de rojo, como si estuviese en llamas.

Se reafirma uno en su idea de que haría un millonario excelente, viendo esas chorradas y esas artes (valga la redundancia) en las que ocupan su tiempo e invierten su fortuna los millonarios de que disponemos. Y no se puede evitar cierta compasión por esos personajes persiguiendo la diversión a toda costa con cuernos de ciervo y lágrimas hechas de diamantes y con una cara (la suya auténtica) de mortalmente aburridos. Se me escapa un suspiro reaccionario: desde que las clases altas dejaron de ir a las cruzadas, hemos ido de mal en peor.

Suspiros aparte ¿hubo algo más allí que un carísimo carnaval de Venecia a destiempo y sin canales, esto es, sin gracia? Tal vez sí. El centro de la fiesta era el ocultismo, que se hace un centro raro para cualquier fiesta, si se piensa, pero que es una constante entre los poderosos y los millonarios. En esas posiciones en que no hay límites económicos ni secretos políticos se abre un abismo de angustia que, a poco que se descuiden, va a dar en la superstición, en lo paranormal y en las pseudociencias. Supongo que tiene que producir muchísimo desamparo ver que tienes todo el poder del mundo y que eso apenas sirve para nada: ni puedes parar el tiempo ni acallar la conciencia.

El centro de las mesas estaba adornado con muñecos mutilados de cráneos agujereados. Léon Bloy notó que el dinero odia a los árboles, pero odia, en general, la vida. Esta cosa macabra contra la infancia es otra constante del poder y la riqueza. Hoy es el día de los Santos Inocentes y cómo no recordar que hay una enemistad eterna e inexplicable, paranormal, entre todos los reyezuelos Herodes y los niños. Y que nosotros estamos, sin máscaras, con los niños.

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