De poco un todo

Enrique García-Máiquez

Andalucirse

APROVECHEMOS la fiesta de Andalucía para ponernos manos a la obra. Hay mucho que escarbar en las palabras de Arenas. Ha declarado que su fórmula es más centrismo y más andalucismo. Lo del centrismo, aunque no lo comparto, se entiende. Allí están, dicen, los votos, así que si uno se centrifuga no hay que hacer esfuerzos para atraer al electorado.

Lo otro es intrigante. Los andaluces han dado sistemáticamente la espalda al andalucismo, a pesar de que hubo un tiempo que estuvo liderado por personalidades de enorme tirón. Y no se equivocaban. Los nacionalismos proponen un negocio ruinoso: para ser andaluces (que ya lo somos y a muchísima honra) habría que dejar de ser españoles o serlo menos. En otras regiones, muchos han aceptado ese timo de la estampita y los que no lo hacen se ven obligados a ir por la vida repitiendo redundancias, como que son catalanes y españoles. Además, buena parte del imaginario español tiene raíces andaluzas: no es casualidad que el toro de Osborne, tan de aquí mismo, se haya coronado como el escudo oficioso de España.

Los nacionalismos, encima, acatetan: tiran de folclore y fanfarrias, y no de valores universales. La conciencia nacional de los griegos (de antes) era su filosofía. Un andalucismo cuyas señas de identidad fuesen, por ejemplo, los Derechos Fundamentales (la solidaridad con los presos de conciencia cubanos o la lucha contra el aborto), tendría otro atractivo. Títulos no nos faltan, pues contamos con Hércules en el escudo, que derrotó a la Hidra, y en nuestro himno nos ofrecemos a España y a la Humanidad, nada menos. Juan Ramón Jiménez, que firmó como "el andaluz universal", apuntaba ahí. Pero el nacionalismo se centra en las fiestas típicas.

Y por eso mismo los andaluces están más con Antonio Machado que con Javier Arenas. Sostuvo Machado que un andaluz andalucista era "un español de segunda clase y un andaluz de tercera". ¿Por qué sale entonces Arenas con lo del andalucismo? Será que quiere andalucirse por la cara… y por la cruz.

Por la cara: fardar de amor a Andalucía, pero eso es caer en la trampa de los nacionalismos. El andalucismo, aunque suene parecido, no es el superlativo de lo andaluz, que es andalucísimo, y eso aquí lo somos todos. Y por la cruz, porque quiere espantar la idea de que el PP andaluz sea un mero recolector de votos para el partido central, como lo ha sido, y también el PSOE, hasta ahora. Dice "andalucismo" para decir que defenderá de verdad los intereses de sus votantes, y no.

No es un problema de más o menos andalucismo, no, sino de los partidos políticos y, si me apuran, del sistema. Los grandes partidos nacionales traicionan a sus electores cuando pactan con los nacionalistas y les dan el oro y el moro. Eso se arreglaría con el cumplimiento íntegro de los programas y la fidelidad a los principios. Los guiños andalucistas y los jueguecitos ideológicos están de más.

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios