Calle Real

Enrique Montiel

Muy triste

Hemos hecho ciudades inaccesibles. Hemos construido un mundo horrible...

Martes. 10:30 AM. Parada del autobús de la Avenida Reyes Católicos. Dirección Cádiz. Una veintena de ciudadanos. Entre nosotros, una mujer joven, inválida, en una silla con motor eléctrico. Se acerca a la puerta donde el conductor vende los boletos. Le pide que active la plataforma para acceder al autobús. El conductor le dice que está estropeada. Con cierta desgana y fastidio, me pareció percibir. La mujer, un poco enfurecida, muy molesta, da media vuelta y recorre el autobús, sale a la avenida y se planta frente al autobús, frente al conductor. Tan cerca que si se hubiera quedado allí no habría podido arrancar. La veía mientras pagaba mi billete. Gesticulaba con las manos, su rostro mostraba su frustración y enfado. El conductor se encogía de hombros. Como diciendo -pienso- que él lo había comunicado a Transportes Generales Comes y no se lo habían arreglado. Algo así como que no iba con él este asunto. Fue demasiado inesperado todo, y bastante rápido, para que tomara fotos con mi teléfono móvil. Hubiera sido una gran foto. La cara de la mujer inválida en su silla frente al frontal del autobús. La gente, como yo, mea culpa, mea máxima culpa, permaneció en lo suyo. Fastidiada, sin duda, pero en lo suyo. La cita en el hospital, todo eso. Durante el trayecto pensaba en el asunto. ¿El conductor volvió a informar en los talleres que la rampa para minusválidos seguía estropeada? Si esta mujer esperó los 15 o 20 minutos la llegada del nuevo autobús, ¿logró subir por una plataforma que le permitiera entrar al interior o también estaba estropeada? Hoy domingo no sé si se ha dado la orden de revisar todos los autobuses y ordenar el inmediato arreglo de los que tuvieran inservibles los accesos a minusválidos. Si se dio el mismo martes. Debería haberse quedado plantada allí, delante del conductor, impidiendo la salida del bus. E impidiendo nuestras citas hospitalarias y de cualquier otro tipo. Y no lo digo en términos de justicia e igualdad, lo digo en humano. Hemos hecho ciudades inaccesibles, llena de obstáculos para invidentes, minusválidos, ancianos. Y niños. Hemos construido un mundo horrible, la verdad, de ancianos que se mueren en sus camas y no se tiene noticia de ellos hasta semanas después. Y otros espantos, otros espantos. Todo muy triste. Y sobre todo hemos colaborado en fraguar una sociedad de cobardes. Como yo mismo, como todos los que ni mostramos nuestro malestar y protesta por la situación de indefensión de esta persona en su silla de ruedas. Yo lo escribo cinco días después porque me he parado a pensar en los días de la semana de mi vida. No puedo escribir de nada que me haya causado más impresión ni más vergüenza que este suceso del martes pasado.

Muy triste, mucho. Sucedió en San Fernando, el pasado martes.

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