Efecto Moleskine

aNA SOFÍA PÉREZ- BUSTAMANTE

La niña de mis ojos

El 20 de marzo me dio por explicar de dónde viene que a las pupilas les llamemos las 'niñas de los ojos', porque es una historia poética y era una clase de poesía. Resulta que es un tropo que viene del latín pero que se reproduce igual en otras lenguas. Cuando miras fijamente a los ojos de otra persona lo que ves en el centro, tu propia imagen reflejada en pequeño, es como una muñequita. Por eso 'puppa' en latín significaba 'niña' o 'muñeca', y después 'centro del ojo'. En español 'pupila' ha quedado como término científico. En francés 'poupée' es muñeca y en inglés los 'puppets' son los muñecos de títere o de guiñol. Nuestra palabra 'niña' en su origen se relaciona tal vez con una onomatopeya: el runrún de un arrullo (ni-ná, ne-ná, ni-nó), que es lo que llamamos 'nana'. Esta metáfora se verifica en griego, donde 'koré' (muñeca, hija, niña) también se usó en el sentido de 'pupila', étimo que pervive en el lenguaje médico (coreoplastia: cirugía plástica de la pupila). El caso es que lo de 'la niña de los ojos' finalmente es una ponderación hiperbólica que pervive sobre todo en el lenguaje popular: es lo más entrañado y entrañable que tenemos. No me digan que no es machadiano esto de que lo más querido sea nuestro reflejo en el otro, o, al revés, la impresión del otro en el centro de nuestro ser. Esta sabiduría asombrosa es lo que le hacía decir a Schopenhauer que las lenguas antiguas poseían mucha más inteligencia que las modernas: porque en ellas percibimos el movimiento metafórico primario que subyace en el acto de nombrar. A lo que voy: el 21 de marzo, día mundial de la poesía, sufrí un desprendimiento de retina. Qué mágica casualidad: mira que ir a contar la historia de la pupila el mismo día en que se me produjo un eclipse de ojo que casi me mata del susto. Pero como soy racional y neodarwinista me di cuenta de que llevaba tiempo preocupada por mi vista, y esta preocupación me trabajaba submarinamente la atención, de manera que vine a fijarme, en el contexto de la poesía tradicional, en un artículo que me llegó por azar a la bandeja de correo hace meses, y que me descargué para leerlo cuando viniera al caso. Lo que son las cosas, querido doctor Calandria.

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