El Alambique

francisco lambeA

El galope del caballo

Hay sucesos que, de repente, te golpean con una imagen icónica, sencilla pero, a la vez, cargada de información. Tal pensamiento me inspira la fotografía que publica este periódico en la que puede observarse, sobre el suelo, la estructura metálica con la cabeza de un équido que coronaba la marquesina de entrada del que fuera Hotel Caballo Blanco, estructura que abandonó su privilegiado punto de vista al desmontarse también el monolito de piedra sobre el que descansaba el emblema. Hasta tiene algo de simbólico que los operarios encargados de la labor pertenezcan a una empresa radicada en Chiclana, localidad que en los últimos treinta años ha pasado por encima de la nuestra en lo que se refiere a dotación hotelera.

El caballo, que empezó a galopar turísticamente en 1962, convirtiéndose durante muchos años en un pura sangre del sector portuense y de la propia bahía, detuvo su carrera en 2006. En principio se habló de una parada técnica hasta que, finalizadas las reformas, que incluían una zona comercial, retornara a la pugna hípica, pero lo cierto es que sus crines no volvieron a verse en acción.

Uno de los razonamientos en los que suelen coincidir los portuenses es en estimar insuficientemente explotado el potencial turístico con que cuenta el enclave. Faltan hoteles a pie de playa (hay que aprovechar la oportunidad que se abre con el convenio urbanístico entre Ayuntamiento y Autoridad Portuaria para erigir dos en los terrenos cercanos a La Puntilla), se requiere una apertura más prolongada del patrimonio cultural, se exige optimizar la limpieza y embellecimiento, se necesita una oferta cultural potente, hay que implicar a los touroperadores.

Vivimos en un lugar muy atractivo pero también es verdad que, a diferencia de hace dos o tres décadas, cuando bastaba esperar al viajero con los brazos abiertos, pues llegaba por inercia, ahora hay que trabajar las visitas, ya que muchos destinos rivales han puesto en valor sus capacidades, originándose un mercado más competitivo, debilitando el beneficio que nos otorgaba la ventaja natural con la que contábamos y convirtiendo al turismo en un reto.

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