Desde mi cierro

Pedro G. Tuero

Las chapuzas y el amor

Dice Serrat que estamos en una verdadera "feria de los disparates". Y tiene razón

No obstante, comenzaría por aclararle a mi erudito lector el significado del término "chapuza". Si nos aplicamos, según el diccionario de la Academia, la chapuza es una obra o trabajo, generalmente de mantenimiento, de poca importancia o un trabajo hecho mal y sin esmero; aunque, por otro lado, hay una tercera acepción -muy oportuna-, proveniente del argot lingüístico mejicano, con el sinonímico significado de "estafa". Acepciones muy pertinentes para el caso que nos ocupa. De todas formas, por estos lares, la "chapuza" es una palabra muy usual y conocida. No es raro por aquí oír a alguien que fulanito, que está en paro, se dedica a hacer chapuzas. Sin embargo, cuando el otro día nuestro amigo y próximo alcalde isleño José Loaiza decía que eso de los chalecos de la policía local es propio de un "gobierno chapuza", tenía razón. Un caso que ya los representantes sindicales habían denunciado, pues esos nuevos chalecos de "protección" adquiridos por el gobierno municipal "vuelven a mostrar graves deficiencias que los hacen inapropiados para la seguridad de los agentes". Unos chalecos que, según comentan, no protegen de la amenaza de armas blancas o de disparos de rifles. Y yo me pregunto: ¿Para qué puñetas sirven entonces? Pues son 33 chalecos antibalas que no lo son, además de que esto ya es la segunda vez que ocurre. Más de veintiún mil euros tirados a la mierda. Auténtica y verdadera chapuza en su sentido o significado mejicano, amigo Pepe.

Pero es que, además, hay otra chapuza que no es de aquí, sino más generalizada. Y me refiero a esa última barbaridad lingüística o gramatical, llevada por ese desenfreno del feminismo anti-hombre, de esa señora, pareja -como se dice hoy-, del principal "podemita" Iglesias, que es la Montero, cuando en el Congreso llegó a referirse a las "portavozas". Y, lo peor de todo, es que otras feminoides de otros partidos más serios le dieron la razón.

O, como dijo mi admirado Joan M. Serrat en una muy reciente entrevista, que nos encontramos en una verdadera "feria de los disparates". Y tiene razón. Mejor que se quede sólo así.

Y del amor sólo diré -aprovechando que el próximo miércoles es S. Valentín- que esta ciudad tiene mucho de amorosa, enamorada y de amoríos. Una encantadora Isla donde encontré mis primeros amores; en la que fueron hallados esos enamorados abrazados durante unos seis mil años, algo que deberíamos de aprovechar más de cara al turismo o hacia el exterior; una ciudad que mientras se detiene uno para cruzar de acera se contemplan unos semáforos enamorados como pocos hay en otros lugares.

Chapuzas y el amor, donde cada cosa ha de ocupar el lugar que le corresponda. O sea.

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