El Alambique

francisco lambeA

Contra la aporofobia

Hace unos días, un mendigo llamado Julián Blázquez (los mendigos existen, tienen nombre, de hecho, una de sus pocas posesiones, y hay que referirlo, pues los nombres ayudan a visibilizar las personas) fue encontrado muerto en la calle Diego Niño, en un lugar simbólico, distante pocos metros del Ayuntamiento. La asociación Pro Derechos Humanos denunció la tragedia con una concentración y el concejal de Bienestar Social, Ángel M. González, ha señalado que desde el área se intentó atenderlo, que padecía drogadicción y varias patologías, pero que es el Ministerio de Justicia el que debe dar alternativas para que estos ciudadanos no lleguen a encontrarse en el limbo jurídico que supone la prohibición de incapacitarlos.

Esta España mía esta España nuestra debe ser la zona del planeta con mayor actividad normativa: constituciones, estatutos, leyes, ordenanzas, protocolos, reglamentos, códigos, bandos, ordenanzas, clausulados o disposiciones regulan hasta los más mínimos aspectos de la vida cotidiana, a veces cayendo en el surrealismo (término intelectual que oculta los más populares de chorrada o gilipollez), de modo que, proclamo, ya han tenido tiempo los legisladores de actuar en este ámbito.

Resulta necesario, igualmente, que la sociedad no caiga en la aporofobia, término con el que se define el rechazo al pobre, pues pocas actitudes habrá más injustas y vergonzosas. Vivimos en un entorno donde la inquietud por el nivel de stress del oso pardo ante el avance de los adosados o las necesidades sexuales del lince ibérico aturdido por la proliferación de carreteras ocupa más espacio en los medios de comunicación que la muerte de seres humanos en las calles por carecer de un techo bajo el que cobijarse y otros elementos básicos para la subsistencia.

Una comunidad no puede considerarse civilizada cuando en su seno se producen iniquidades como estas. Es obligación de quienes nos gobiernan, en todas las instituciones, cada una en su nivel de responsabilidad, tomar las medidas adecuadas (políticas, tributarias, sociales…) para que no ocurran estos dramas, que hacen que nuestro ámbito sea menos avanzado de lo que acostumbramos a considerar.

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