Análisis

Teresa almendros

Revivir el centro

El Puerto tiene un casco histórico que para sí quisieran muchas ciudades, y no lo ha sabido aprovechar. Al hilo del éxito de la convocatoria del pasado martes en El Cortijo, impulsada por la plataforma Revive El Puerto, ha quedado claro que son muchas las voces que reclaman un cambio de rumbo efectivo y una apuesta colectiva por recuperar lo que nunca debió perderse.

En El Puerto el declive del centro comenzó con el éxodo de muchos de sus moradores hacia el espejismo de los chalés a dos duros en el extrarradio del término municipal, con total permisividad de las autoridades competentes. Cuando los gobernantes se quisieron dar cuenta la cuesta abajo era imparable, quizás también agravada por errores históricos y cortedad de miras de los sucesivos gobernantes que han ido pasando por el Ayuntamiento.

Primero se empezó peatonalizando calles a salto de mata, la primera la calle Luna, sin un plan previo que dictase las directrices de lo que debía ser el casco antiguo de la ciudad. Después se encargó un Plan de Movilidad para el que se contó con uno de los más prestigiosos urbanistas de España, el granadino José Luis Cañavate, que diseñó un documento al que se ha hecho caso omiso y que nunca se ha llegado a poner en práctica.

Aquí siempre hemos sido muy de sabernos al dedillo la teoría, pero nadie ha tenido el arrojo de llevar esa teoría a la práctica. Ya pasó cuando las franquicias quisieron instalarse en el centro y no se les permitió. Cuando se instaló un complejo sistema de cámaras de vigilancia para el tráfico que nunca se ha llegado siquiera a estrenar. Cuando se transformaron calles con la intención de que fueran peatonales y después, porque sí, se abrieron de nuevo al tráfico sin estar preparadas para ello (véase el lamentable caso de la calle Vicario, un ejemplo de lo que una calle céntrica no debe ser, con un tráfico continuo y un espacio ridículo y hasta peligroso para los peatones).

Aquí hemos tenido muy buenos mimbres, pero los artesanos han sido muy malos. Ha habido dinero y medios y se ha contado con asesoramiento, pero el que no hace caso al que entiende es como si no se hubiera informado nunca.

Visto el interés de los portuenses por el futuro de su ciudad, quizás sea ahora el momento de cambiar las cosas. O al menos intentarlo.

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