Balas de plata

Montiel de Arnáiz

Presunta aprobada

Toda la admiración que le dispensaban varias generaciones desapareció al instante

Cuando yo estudiaba en la facultad de Derecho de Jerez, cuyos sótanos eran los pasadizos de la Nostromo, circulaba entre el alumnado cierta leyenda urbana que sostenía que un catedrático de Valladolid a punto de jubilarse, que incluso había sido Decano de la Universidad y era considerado una de las mayores eminencias en su materia del país, había sufrido un grave descalabro académico. Al parecer, sus compañeros de departamento, antiguos alumnos, pupilos y ahijados, habían decidido prepararle un merecido homenaje y regalarle, enmarcados, los títulos oficiales que había atesorado en el devenir de su carrera, es decir: el de su doctorado, el de licenciado, el de bachiller y el graduado escolar. Sin embargo, por más que lo buscaban, no aparecía éste último: no existía copia del mismo ni siquiera en los archivos del colegio. En su búsqueda pertinaz, estos discípulos entregados que tanto adoraban al viejo maestro alcanzaron a encontrar el primer expediente académico del émerito anciano. Cuál no sería su sorpresa al descubrir que en las calificaciones finales del octavo curso de la Educación General Básica, aparecían las Matemáticas con la nota de Suspenso. No podía ser verdad que un jurista de tan reconocido prestigio hubiera pasado de curso rumbo al Bachillerato con una asignatura suspendida, y concretamente una de ciencias. Algunos de los discípulos del venerable anciano exigieron ocultar el hallazgo: debe ser un error, seguramente la aprobaría en una convocatoria extraordinaria posterior y no se reflejaría en su expediente, eran otros tiempos...

Pero en la época en que yo estudiaba en los pasillos de Alien (El Regreso) los estudiantes de Derecho ya éramos proclives a loar las causas nobles y, según contaban, uno de los pupilos del futuro jubilado, otro jurista de algo menos reconocido prestigio, había afirmado que no se podía encubrir aquella trapacería. Es más -decían que dijo-, si su graduado escolar no es tal -porque en aquella época no se pasaba de curso con suspensos- eso quiere decir que todos los títulos que el maestro ha venido obteniendo devienen en nulos por el defecto inicial en la falta de obtención del graduado: el anciano no puede ser, por tanto, licenciado, ni doctor, ni profesor titular, ni catedrático, ni decano. En realidad, ni tan siquiera puede ser tenido por bachiller.

El escándalo fue absoluto y todos los esfuerzos porque se subsanara ese Suspenso en Matemáticas fueron en balde. El viejo profesor perdió con aquella cruel casualidad que remedaba la teoría del fruto podrido del árbol envenenado mucho más que la honra y su pensión de jubilación: toda la veneración y admiración que le dispensaban varias generaciones de alumnos y colaboradores desapareció al instante. Y mira que en aquel entonces era mucho más fácil falsificar una nota manuscrita que hoy, donde reina lo digital. Lo cierto es que, además de chanchullero, el ex decano fue muy chapucero. No sé si me explico.

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