Carlos A.Font Gavira

Historiador

Fuga submarina en cádiz

La Gran Guerra (1914-1918), cuyo primer centenario rememoramos, nos asalta el imaginario colectivo con escenas de trincheras, alambradas y barro. La lucha fue terrestre pero desde los inicios de la conflagración los vastos océanos se convirtieron, también, en campo de batalla. Una nueva arma, letal y sigilosa, el submarino iba a sembrar el terror de los mares. La ciudad de Cádiz recibió varias visitas de submarinos alemanes durante la guerra aprovechando el estatus de neutralidad de España. La fuga de estos submarinos, abusando de la buena voluntad española, causó estupor en la vieja ciudad gaditana.

El submarino era conocido desde finales de siglo XIX (aunque ya hubo prototipos experimentales en el siglo XVIII) pero aún no había sido probado en un conflicto a gran escala. Los alemanes, quienes siempre serán asociados a la guerra submarina, al estallar las hostilidades en 1914 sólo tenían amarrados en sus muelles 28 submarinos. El cambio de estrategia en la guerra naval hizo que terminara la guerra teniendo cerca de 400 sumergibles, de los cuales 178 nunca volverían a emerger.

Incapaces de romper el bloqueo británico los alemanes se decidieron a probar, a partir de Enero de 1917, una nueva estrategia basada en la guerra submarina sin restricciones. ¿Qué quería ésto decir? Todas las embarcaciones, fuesen enemigas o neutrales, eran consideradas objetivos de guerra legítimos para "los tiburones del káiser." España al ser un país neutral vio amenazada su seguridad naval y pronto iba a sentir en las carnes de hierro de su flota mercante la terrible eficacia de los submarinos alemanes. Nombres como Isidoro, Bayo,Vigo,Peña Castillo, Aurrera, etc engrosarían una larga lista de barcos españoles, (cerca de 80), hundidos que representaron, al finalizar la guerra en 1918, un 20% de la marina mercante española. España no entró en la guerra pero, de esta manera, la guerra si entró en España. Estos ataques indiscriminados enturbiaron las relaciones entre Madrid y Berlín llegando al roce de la beligerancia española aunque España, envuelta en su propio aislamiento y en una situación de debilidad militar, no pudo contrarrestar los ataques alemanes. Es más, aún quedaba una humillación más por soportar puesto que los puertos españoles eran, frecuentemente, visitados por los sumergibles germanos para hacer reparaciones, aprovisionarse o recabar información. La visita más sonada fue la del submarino U-35 al puerto de Cartagena en junio de 1916 que llenó titulares de prensa y causó expectación entre los cartageneros. El U-35, comandado por una leyenda viva como von Arnauld de la Perière, demostró lo vulnerable que era la neutralidad española.

El 11 de junio de 1917 le tocó a Cádiz recibir la sibilina visita del U-52 ,sin previo aviso, en su puerto alegando la necesidad de hacer unas reparaciones. El Diario de Cádiz lo relató así: "El 11 de junio de 1917 fue mayúscula la sorpresa de los gaditanos cuando a las doce de la mañana salió a flote un submarino alemán junto al faro de Las Puercas, largó la bandera de su país y el numero U.C.52 Por el código internacional de señales notificó que se encontraba con averías y solicitaba entrar a repararlas (…) Las autoridades militares españolas indicaron al comandante alemán que, conforme al derecho internacional, el submarino podría ser reparado y que después tendría solamente 24 horas para abandonar aguas españolas. El submarino fue llevado de inmediato a reparar al Arsenal de la Carraca". El comandante del submarino informó sufrir averías y solicitó ser remolcado. Fue llevado hasta la dársena. La noticia corrió como la pólvora y el muelle estaba atestado de público.

Peor si cabe fue el caso del submarino U-293 que, también arribó a Cádiz, en septiembre de 1917. El submarino entró en el puerto gaditano con ligeras averías y ocupó unos de los diques del arsenal de La Carraca. El comandante del submarino empeñó su palabra de honor, en presencia del cónsul alemán en la ciudad Emil Winter, que permanecería internado en el puerto español. Después de un mes y como si una película de acción se tratara el comandante alemán se dirigió al restaurante La Avanzadilla, frente al Arsenal,y telefoneó a Cádiz. Tras pronunciar unas escuetas frases en alemán y como si tal cosa el comandante ordenó soltar amarras y se puso en movimiento. Evasión en toda regla ante la estupefacción general de los españoles sólo comparable a su inoperatividad pues el torpedero que debía perseguirlo tenía las calderas apagadas y el cañonero Delfín estaba en reparación. El escándalo fue mayúsculo pues las autoridades españolas quedaron a la altura del betún y hasta el propio Rey Alfonso XIII llegaron las consecuencias pues se lo tomó como una afrenta personal. El rey español, en un gesto simbólico, renunció al honor de vestir el uniforme de la Marina Imperial alemana ,(regalo de la visita del Káiser a Vigo en 1904), e exigió una investigación de lo ocurrido. Los alemanes respondieron, al cabo de unos meses, de una manera simple y no menos escandalosa: "el comandante alemán del submarino no dio su palabra de honor."

La neutralidad española en la Gran Guerra fue alterada, amenazada y burlada por la guerra submarina alemana que a punto estuvo de conseguir el dominio de los mares.

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