La esquina del gordo

Paco Carrillo

Al César lo que es del César...

Meter a la Virgen abanderando manifestaciones no parece lo más adecuado

Se sabe que al usar calificativos para definir a las personas se corre el riesgo de pasar por juez inclemente, a pesar de que la mayoría de las veces no deja de ser una opinión generalista, como por ejemplo llamar carajote al que con papeles en la mano lo ejerce a diario ejerciendo un poder que ni él mismo se cree. Desprecio con desprecio se paga.

Referirse, pues, a la declaración del Cardenal-Arzobispo de Madrid, no es más que la correspondencia biunívoca a la misma libertad de expresión con la que él "pontifica" en función de su cargo, aunque sea controvertida. Decir, como dijo, que se unía a la huelga feminista del pasado 8-M (¿asistió?) para dejar claro que comprende a las mujeres "porque de hecho la propia Virgen María también habría asistido", por mucha sotana y mucho solideo púrpura que gaste parece que se pasó tres pueblos. Meter a la Virgen abanderando manifestaciones heterogéneas no parece ser lo adecuado, y menos que lo señale como ejemplo un purpurado.

Claro que si con esto quiso decir que la Virgen también estuvo explotada y que quedó harta de lavar pañales y de tenderlos en el romero y que indirectamente también fue la culpable de la falta de vino en las bodas de Caná, provocando al Hijo para que se luciera… Y menos mal que ella no tuvo nada que ver en el milagro de los panes y los peces. En todo caso su presencia en esta manifestación femenina -con eslóganes tan variopintos como singulares- podría entenderse caso de que le hubieran impuesto el trabajo de desescamarlos. La realidad es que a partir de ahora se pueden decir bobadas por Derecho Eclesiástico.

Uno, como ya es viejo, aprendió en carnes propias lo que significaba el Magisterio de la Santa Madre Iglesia aunque, siendo de provincias, ese magisterio estuviera sometido a las muchas o pocas luces del párroco de turno. No obstante en novenas y triduos solemnes arribaban oradores sagrados foráneos que despertaban una natural expectación en la feligresía. Quizá porque esos oradores tenían facilidad de palabra y se curraban los sermones, y porque entonces la Iglesia carecía de contestatarios, la cosa no pasaba a mayores. Pero llegó el momento en que las distancias intelectuales entre los de las sotanas y los feligreses fueron disminuyendo, y se redujeron las distancias intelectuales entre los celebrantes y el público de la sala.

Ha tenido que pasar un tiempo hasta comprobar que lo que se dio en llamar Doctrina Social de la Iglesia o Teología de la Liberación se fueran envileciendo con los movimientos de los curas obreros, con los sentimientos etarras de muchos curas vascos o de ese ensotanado separatismo del clero catalán para encajar las piezas del puzzle. Consecuentemente lo de la diarrea mental de algunos cardenales es el resultado de olvidarse aquello tan equitativo que dijo Jesús: "Al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios".

¡Con lo sencillo que es rezar un Avemaría sin una pancarta!

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