Puente de Ureña

rafael duarte

Andalucía es un sueño...

Los primeros que empezamos a reivindicar Andalucía fuimos los escritores

Andalucía era un sueño para Luis Cernuda. Andalucía es un tópico lleno de mitos y políticos. Por eso quiero hacer constar que los primeros que empezamos a reivindicar Andalucía allá por los años setenta fuimos los escritores, no los políticos, subidos al carro de la demanda como siempre. Algo que se llamó o se convinó en llamar la nueva narrativa andaluza, y que comenzó con Antonio Burgos en su "Andalucía, ¿tercer mundo?", que desmitificaba todo lo mitificado, hasta el flamenco, eso que ahora, con las fusiones aflamencadas se quiere vender como panacea del tipismo, junto a la copla. Nuestro Manolo Barrios y nuestro Luis Berenguer la reivindicaron. Sí. PORQUE lo que se canta en ferias y casetas no es flamenco, ni seguiriyas, ni soleares. Sino un rol de quejíos medio chillados, arrebujaos con el alcohol, una fusión, como lo denomino que no me gusta, y que Burgos atacaba entonces, por la misma razón. Es decir, canto coral, palmas colectivas, bailes entre parejas…entre cantes de sevillanas que, no debemos olvidar, eran en su origen seguidillas castellanas, coplas de pie quebrado entre pentasílabos y heptasílabos, que no nacieron del mito de la pena negra esa ni en la fragua de yunques y martillos sino en los patios de vecinos.

Experimentar odio y amor, el odi et amo, de Catulo, Odi et amo. Quare id faciam, fortasse requiris. Nescio, sed fieri sentio et excrucior. Odio y amo. Quizás te preguntes por qué hago esto. Así sentimos mucho y así sintieron tantos: Unos cuantos monumentos venerables, unos cuantos nombres (a los que podemos conceder la misma venerabilidad que a los monumentos) y una porción de cancioncillas, chistes y retruécanos...pisha, shosho -éstos sin ningún carácter que permita la veneración- han bastado para obtener la imagen vulgarizada de Andalucía y del pueblo andaluz, que con poco o sin ningún derecho hemos atribuido a influencia extranjera. Porque hay que repetirlo: la "Andalucía de pandereta", en su mayor parte, es producto nacional, como lo son o fueron las mismas panderetas adornadas con cromos, latas de carne de membrillo de Puente Genil y las mantillas con madroños.

Del llamado "folklore" más vale no hablar. ¿Cómo una región de las más hermosas de la Europa mediterránea, sombría a veces, elegante otras, se ha llegado a identificar con tantas cursilerías? Los sociólogos y psicólogos tienen ahí un buen tema de investigación. Los poetas todavía nos dolemos: Donde existía y aún exista una holgazanería rentable y profesional entre los pícaros subsistentes en las ciudades andaluzas, gente sin oficio ni beneficio que buscan fortuna a cambio de ofrecer como bufones su desvergüenza a la sociedad dominante (Gran Hermano, Sálvame, etc.). En tiempos acudían a los Cines Jerezanos, el Sport en Sevilla, o nuestra Venta de Vargas. Seguimos sin infraestructuras serias, con dos puentes pero sin el AVE, astilleros basta leer mi Diario de Cádiz del lunes… ¿Su retrato actual? Éste: Toros, flamenco, ferias, rebujito/Gracia, salero, sol, bata de cola/Rizos, lunares, randas, caracolas/Sobre la bajamar del viejo rito/Alcaldes con patrón de señorito./Enaguas repicando en sus corolas/de ventas con vestigios de las Lolas/viejas sedas rasgadas de los mitos/Sueños insomnes como revoleras,/Cartel de cante y gracia pajolera/Bares, tablaos, moños y peinetas./El crisantemo líquido en la copa./La incultura y su envidia a quemarropa /del que naciera, en su verdad, poeta.

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