Rutas en serie

  • Los fenómenos de 'Juego de Tronos', 'Sherlock Holmes', 'Millenium' y 'Comisario Kostas Jaritos' ofrecen otra forma de viajar

El fenómeno desatado por series televisivas, películas y sagas literarias dan un giro al concepto de visita turística al uso. Más allá de las rutas por museos y catedrales, numerosos recorridos se abren a los lugares donde se ruedan las escenas de los capítulos más reveladores, los rincones donde se cuecen sus dramas o los espacios donde maceran sus intrigas y aventuras.  

Es otro concepto de viaje, con libro en mano o escena cinematográfica en mente. Y parten de las rutas de las series que causan furor, convertidas en todo un filón que han sabido explotar algunas de las ciudades por donde traman, sueñan, deambulan o mueren sus personajes.

Ruta 'Juego de Tronos'

El fenómeno televisivo que tiene subyugado al mundo, la serie de Juego de Tronos, basada en la saga literaria Canción de Hielo y Fuego de George R. R. Martin, se ha convertido en la gallina de los huevos de oro no sólo para sus artífices, también para toda ciudad, pueblo o pedanía que haya sido invandida por su ejército de cámaras, luces, tecnología y estrellas. De Irlanda del Norte a Croacia, de Escocia a Malta, de Islandia a Marruecos... El equipo de la popular serie de la HBO ha recorrido el mundo para trasladar a imágenes los castillos de Poniente, los mercados de las Ciudades Libres, los fuertes del Muro y cada bosque o fortaleza imaginados por el escritor que tiene en vilo a millones de lectores y, ahora, de espectadores. Es tan ingente la cantidad de localizaciones que es imposible proponer una sola ruta Juego de Tronos. Así que pensando en todos aquellos aventureros que quieran realizar una escapada rápida por el universo Juego de Tronos, les animamos a recorrer Andalucía, en busca del espíritu de Dorne y las Ciudades Libres.

Y aquí empezamos, en la vecina Sevilla y en sus espectaculares Reales Alcázares convertidos en la morada de la Casa Martell en plena capital de Dorne, en Lanza del Sol. El hermoso conjunto arquitectónico hispalense, Patrimonio de la Humanidad, son los Jardines del Agua donde se cuaja la venganza de las Serpientes de Arena.

Sólo a 80 kilómetros se encontrarán en Meereen, en las arenas del mismo Foso de Daznak, que no son otras que el albero que la plaza de toros de Osuna en la que se recreó esa especie de coliseo donde se desarrolló el final de la quinta temporada de la serie.

Llegamos a la más sureña de las Ciudades Libres. Volantis es Córdoba. Mejor dijo, al largo puente que desemboca en la puerta de acceso a la ciudad a orillas del río Rhoyne, que es el puente romano del siglo I de Córdoba, y el río no es otro que el Guadalquivir.

Y, avanzando hacia el este, podemos llegar a la tierra de los dothraki. Así, en Pechina, en el paraje de El Chorrillo (Almería) se rodaron escenas de Vaes Dothrak, mientras que en el cinematográfico Desierto de Tabernas se recreó la gran estepa de Essos, el Mar Dothraki. Pero también Almería, exactamente el Cabo de Gata será también Meeren y la Alcazaba de la capital también forma parte de la geografía de Lanza del Sol.

Y si todos estos rincones han tenido ya su reflejo en la pantalla en las últimas temporadas de la serie, pueden adelantarse al reflejo televisivo y visitar en estos días el castillo medieval de Almodóvar del Río (Córdoba), que será el fuerte de alguna casa noble de Poniente en la próxima temporada de Juego de Tronos en vistas del rodaje que ha tenido lugar en la primera mitad del pasado mes de noviembre.

Ruta Sherlock

Nunca ha existido algo así como una magra proporción de seguidores de Sherlock Holmes -bien podría asegurarlo Conan Doyle- y ahora, menos que nunca. A ello han contribuido no poco las recientes aproximaciones al personaje que se han realizado tanto en forma de serie (con los muy magníficos Benedict Cumberbatch y Martin Freeman) como de película (con los igualmente magníficos Robert Downie Jr y Jude Law).

No son pocas, tampoco, las rutas que existen en la capital británica en torno al detective, pero para quien quiera distraerse montándoselo por libre, aquí damos unos cuantos imprescindibles. Las botas de Sherlock, de todos los Sherlocks, están hechas para pasear por la zona de Bloomsbury, Mary Lebone y el Soho.

Baker Street está, por supuesto, consagrada al detective. Los azulejos de la estación de metro están decorados con su efigie y a una estatua del personaje a la salida. El 221 B es desde hace lustros una suerte de casa-museo. ¿Merece la pena? La respuesta es sí: porque uno tiene que tener un corazón con lepra de piedra para no fingir que es cierto, que allí fue, que allí estuvo nuestro hombre fumando en pipa, para calarse su estúpido sombrero de cazador y hacerse fotos.

Lo mismo podemos decir del Museo de Madame Tussaud, prácticamente a la vuelta de la esquina: un museo de cera que no es cutre sino entretenido y que en los últimos años ha añadido a Robert Downey Jr y Jude Lawcomo en las películas de Guy Ritchie.

El 221 B de Baker Street en la serie Sherlock no está, como es de suponer, en la misma calle: pero no aparece muy lejos, en el 187 de North Gower Street. Y allí se encuentra también el Speedy´s Cafe, el café de urgencia al que acuden el sociópata altamente funcional, su amigo y su casera. El Speedy´s Cafe existe de verdad verdadera y no puede creer, de hecho, el pedazo de aparición mariana que han tenido la suerte de acontecer en su puerta. Para los entregados a la serie de la BBC, decir que Russel Square Gardens es la plaza en la que, justo en la apertura de la primera temporada, Watson escucha hablar de Holmes por primera vez. Otro rincón a reseñar es el bar Brindisa Tapas Kitchen, en Broadwick Street, donde detective y ayudante cenan en Un estudio en rosa. Algo más alejada de la zona habitual está la fachada falsa que aparece en el último episodio de la tercera temporada de la serie, en los números 23 y 24 Leinster Gardens. Y cerca de Harrod´s, en el 44 de Eaton Square estaba el hogar, por decir algo, de Irene Adler.

Tanto en la serie en pantalla como en la serie en papel, aparecen escenarios habituales para todo aquel que visite Londres, como Buckingham Palace, la Buttersea Power Station, Trafalgar Square o incluso el Club Diógenes. Justo frente al Museo Británico está el pub Museum Tavern, que aparece en El carbunclo azul: aún guarda una atmósfera decimonónica, nunca mejor dicho, ya que los faroles exteriores van a gas. Tienen fama sus empanadas (Award Wining!): hay que probar la de ternera y ale. Hemos de mencionar igualmente al Sherlock Holmes Pub, también pisado por los pies de Holmes en El aristócrata solterón y, muy fácil de encontrar si uno anda deambulando por el triángulo de St. James Park, la National Gallery y Trafalgar Sq.

Por último, mencionar que el restaurante favorito de Holmes (vive Dios) era Simpson's-in-the-Strand. Es más caro de la norma, evidentemente, pero picar algo en el bar puede ser asumible. Y fabulérrimo. Todo sea por la causa.

Ruta Millenium

Más de 80 millones de personas devoraron las páginas de algunos de los tres libros de la saga Milenium (Los hombres que no amaban a las mujeres, La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina y La reina en el palacio de las corrientes de aire), del autor sueco Stieg Larsson, cuya obra se convirtió en todo un bestseller a nivel mundial. Todos fueron publicados a título póstumo, tras la repentina muerte del autor, saliendo la cuarta, La chica de la tela de araña, el pasado verano. Aquel revuelo se atenuó, pero todavía son muchos los lectores que tras la resaca inicial siguen demandado visitar los lugares que marcaron esta obra ambientada en Estocolmo, una ciudad moderna y cosmopolita, pero repleta de historia, silueteada por canales y salpicada de grandes zonas verdes.

El espíritu Millenium se blindó, además, con su adaptación cinematográfica, pues tras la primera versión sueca original, Hollywood produjo la suya propia sobre el primer libro de la serie de Larsson.

La ruta propone así rincones que pueden pasar desapercibidos a simple vista para el turista, al no tratarse de lugares emblemáticos de esta atractiva ciudad, pero que sigue los pasos del periodista de investigación Mikael Blomkvist y la hacker Lisbeth Salander, asomándose por las calles y garitos donde se tejen sus intrigas. El drama se revive así en puntos como Slussen, donde se encuenra el Museo de la Ciudad (Stockholms Stadsmuseet), punto de partida de la ruta oficial de Millenium; continúa en la vía comercial de Götgatan y Hökens Gata, donde se situaban las oficinas de la revista Millenium. Tras pasear por la encantadora plaza de Mosebacke se llega a Fiskargatan, 9, donde supuestamente Salander compró su piso de lujo, así como a Bellmansgatan, el ático con vistas al mar de Mikael Blomkvist. Destaca el Mellqvist Kaffebar, el café donde Larsson escribió numerosos pasajes de su trilogía y discurre también por Lundagata, donde se mudó la amiga de Salander, además de por Vasastad, siuada al norte, donde vive el abogado Nils Bjurmann. En Saltsjöbaden, ya fuera de la capital, vive Erika Berger y es un gran punto de partida para descubrir el archipiélago a bordo de un ferry.

Las entradas también se pueden comprar por Internet (en Ticnet) y en el Centro de Turismo de Estocolmo. Además, el usuario puede hacer su propio recorrido con el Mapa Millennium, que se ofrece en varios idiomas, incluído castellano. El recorrido, de unas dos horas, cuesta unos 10 euros.

Ruta Kostas Jaritos

Seguramente no lo hacía con esa intención, pero en las novelas de Petros Márkaris que tienen al comisario Kostas Jaritos como protagonista, el magnífico escenario que es la ciudad de Atenas no aparece reflejado en sus atractivos más turísticos. Márkaris trasciende la llamada novela negra para convertirla en una novela social, humorística a su manera, costumbrista en el buen sentido. Jaritos persigue criminales evidentes, pero a la vez va descubriendo (y sorteando como puede) a otro tipo de delincuentes más peligrosos como empresarios, políticos y policías.

Entonces, digamos que en este mundo real de la Grecia más en crisis no puede haber sitio destacado para las bellezas indudables y eternas de la Acrópolis, el an tiguo Ágora, el Keramikos o los restos magníficos del templo de Zeus Olímpico. El normalito inspector ateniense se mete continuamente en atascos a bordo de su Seat Ibiza, y los atascos son más frecuentes a la hora de circular por la atestada avenida Amalias, justo al lado de la ciudad romana que fundó Adriano y de su arco triunfal. Y la realidad está más en las abandonadas instalaciones olímpicas de Faliro que en la hermosa Torre de los Vientos.

Así que, por supuesto, sería un crimen visitar Atenas y no dejarse apabullar por el Partenón, pero si uno es fan (es tan fácil) de ese policía que conoció la Grecia de los coroneles y que se aflige con la ruina actual de su país, hay que recorrer, porejemplo, la larguísima calle Eolou, que te lleva desde la plaza Omonia, donde los inmigrantes han acampado desde hace décadas (antes albaneses, ahora sirios) y donde la indigencia no tiene pasaporte, pasando por el oriental Mercado Municipal y dejando de lado la increíble calle Euripidou, hasta la plaza de Monastiraki, compendio histórico y humano de esta ciudad eterna. Y, si paseamos alrededor del barrio de Plaka, mejor perderse hasta encontrarse de pronto con un monumento funerario, la Linterna de Lisícrates, emocionante en su soledad artística entre el caos urbano. En uno de sus mejores libros, El accionista mayoritario, Jaritos se ve obligado a viajar a la isla de Creta, y a su antigua capital, La Canea. Imprescindible.

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