La voz deÁfrica

  • Doscientas piezas divididas en nueve secciones acerca el arte del continente vecino desde el Centro Cultural de Unicaja

El arte en África va más allá de la imagen exótica y primitiva de esas esculturas estilizadas hechas en madera y marfil, existente en Occidente. Es la voz de un pueblo que, como todos, manifiestan sus temores, pasiones y creencias, desde múltiples manifestaciones.

Una amplia representación de las mismas se exhiben, esplendorosas, en la segunda y última exposición del año que se celebra en el Centro Cultural de Unicaja (CUC), con motivo de su 125 aniversario. Cerca de 200 piezas se reúnen en este nuevo espacio para dejar a un lado los tópicos occidentales y acercar las creencias y forma de entender la vida africana, a través de sus creaciones artísticas, en una de las exposiciones más ambiciosas realizadas hasta ahora en España en esta materia.

Los dos centenares de objetos, enmarcados entre el siglo VI al XX, realizados en maderas, bronces o marfiles y pertenecientes a numerosas etnias, pretenden transmitir al espectador que, más allá que la mera estética, son piezas que logran contribuir al equilibrio del mundo interior.

África: son distintos no son distintos es el título de la muestra que ayer fue presentada en el CUC, de la mano del director de la obra social de Unicaja, Felipe Faraguna, y de los comisarios de la exposición, Purificación Ruiz y Juan José Martín, a su vez, propietario de la colección. Una exhibición que se introduce de lleno en el África negra para plantear al espectador si realmente estamos tan cerca o, por el contrario, bien lejos. "Queremos que cada uno resuelva esta cuestión", decía ante los medios Purificación Ruiz.

De esta forma, el visitante se enfrenta a este dilema cultural, desde las nueve secciones en que se divide la muestra. Los orígenes, ritos, uso de la magia, el relevante papel de la mujer, la madre, las jerarquías y poderes, el disfrute de los sentidos y objetos de la vida cotidiana, son los puntos neurálgicos por los discurre.

Una gran selección de objetos repletos de fuerza y vigor dan vida a cada apartado, cuya simbología fue desgranada en una visita guiada por Juan José Martín Andreu.

El primer apartado, La belleza de lo cotidiano, recibe al espectador con una gran máscara procedente de la Costa de Marfil: Kplé-Kplé-Baulé, que da cuenta de la importancia de los elementos identificativos en África. En esta ocasión, este objeto se relaciona con ritos agrícolas. También incidió el experto en el material en que se elaboran la mayoría de las piezas: madera -que como el hierro es sagrada en África-, que junto al marfil y las terracotas "demuestran que en todo el mundo se utilizan estos materiales y con los mismos sentimientos".

La segunda sección habla del respeto a los ancestros, con quienes se convive en África, recreándolos en esculturas. Una de ellas, de grandes dimensiones, el Nommo-Dogón, de Mali, representa a los espíritus de los antepasados. También destaca la fuerza de la Máscara Imbangala o la escultura hecha en terracota Nok.

La cuestión estriba en "representar a los antepasados, de los que siempre se aprende algo, sea para bien o para mal", apunta Martín Andreu.

Uno de los aspectos troncales de la exposición, sino el más relevante, es el importante papel de la mujer en el continente vecino. "El 80 por ciento de la iconografía representa a mujeres, pues existen muchas sociedades matriarcales".

En la muestra figuran varias esculturas con mujeres amamantando a sus pequeños. "Si lo tiene en el pecho izquierdo representa la vida, y en el derecho, lo contrario". O bien cargando con ellos a sus espaldas, como la estatua Makonde.

Así, la mujer se antepone como motor de la idiosincrasia del continente, y la figura de la madre como eje sobre el que se vertebran las sociedades. "Siempre que puedan ser madre, porque cuando no es así, la cosa cambia, por muy inteligentes que sean", informa. No obstante, esta idea varía según los clanes y tribus.

Además de erigirse como absoluta protagonista del arte africano, es la máxima expresión de la belleza, convirtiéndose en fuente inagotable de inspiración. "Existe la mamá perfecta representada en una escultura, pero no el papá perfecto".

Llama la atención que en África no se representa a alguien, sino que la pieza es ese alguien, respondiendo así al concepto de la "presentificación".

La sección sobre la vida cotidiana muestra toda una serie de útiles del día a día. Una amplia gama donde pueden observarse desde vasos, cucharas, puertas, morteros o fuelles. Entre ellos deslumbra una cama de partera elaborada en madera, pátina y metal que, además de ayudar a traer a los hijos al mundo, eran utilizadas como altar de bendición.

Como curiosidad, comentó Juan José Martín, la cuchara representa la preparación de la mujer para defender a su familia frente a una enfermedad mortal que se transmite con el agua.

Por otra parte, la magia y los ritos, representados desde los relicarios y altares; las jerarquías a través de los tronos y bastones de mando o la forma de disfrutar de los sentidos, a partir de instrumentos musicales, completan la muestra.

Muchas de estas piezas, seleccionadas entre un total de 4.000 procedentes de Cuenca, han sido adquiridas in situ a antiguos colonos en África o a los herederos de las mismas, que además han aportado mucha información y documentación. Todas ellas figuran en el catálogo impreso para la ocasión, en una mimada edición.

La ocasión lo merece. Porque, como decíamos, más allá de la imagen exótica, primitiva e incomprensible existente en Occidente sobre el arte negro, no hay más que la mera representación de las creencias, deseos o temores. Realmente, ¿somos distintos?

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