Dos voces, dos guitarras y mucho talento

  • Un Teatro Falla a reventar recibe con los brazos abiertos a Antílopez El dúo de Isla Cristina presentó 'Desprendimiento de rutina' con su particular show donde no falta el humor

Se tiene o no se tiene. Si se tiene, la fórmula es bien sencilla. Un puñado de buenas canciones, guitarra, voz. Pero hay que tenerlo. Talento. Ese bien avenido matrimonio entre la excepcional sabiduría y la excepcional personalidad que provoca que su poseedor viva en el extrarradio de la normalidad. Se tiene o no se tiene. Así de crudo. Y Antílopez, el dúo de Isla Cristina que anoche puso a vibrar al Gran Teatro Falla con Desprendimiento de rutina, lo tiene. Por partida doble. No hay más, ni menos, dos tipos, dos guitarras y mucho, muchísimo, talento.

José Félix López y Miguel Ángel Márquez decidieron hace ya unos cuantos años -aunque su reconocimiento público haya llegado hace relativamente poco- tomar el camino difícil. El de patearse las salas, "por ocho euros, ocho euros no la entrada, ocho euros lo que cogíamos en total", bromeaba José Félix tras un concierto donde no en pocos momentos el público se arrancó a aplaudirles al compás (el mayor gesto de respeto con el que los aficionados de este coliseo premian a los artistas). Poquito a poco, puliéndose pero sin perder su esencia; aprendiendo, mejorando, pero sin dejar de ser, Antílopez ha ido tomando presencia escénica aferrándose al martillo de la palabra con el golpean la cuarta pared hasta derrumbarla con tal contundencia que la distancia entre la línea de escena y la primera fila de butacas del teatro parece poder cruzarse con un solo paso.

Tienen sus trucos, claro. Juegos de palabras, un diálogo cómplice trabajadísimo, transmutación en una galería de personajes variopinta y extravagante que introducen las canciones... Elementos, muchos de ellos, que también utilizan otros artistas para dotar de hilo argumental a un concierto pero que en Antílopez están defendidos de tal manera y cobran tanto peso que el show toma hechuras de cabaret. Y gusta. Gusta mucho.

Un peso que, sin embargo, no aplasta las canciones. Y aunque los cantautores (suicidas, claro) se las tuvieron que ver y desear la noche del viernes con ciertos problemas de sonido -Miguel Ángel Márquez iba apuntando alguna indicación a los técnicos desde escena- supieron salir airosos -triunfales- de una cita muy especial para el dúo, enamorado de Cádiz y de su fiesta patria.

De entre todo el rosario de máscaras que utilizaron -el italiano complicado en dos amoríos, el rapero principiante, los copleros arrebatados, los moteros de Santander...- merece especial mención la primera, la que no se percibe con la vista, sino con el oído. En la escena se situaban dos taburetes vacíos, las guitarras y un perchero de pie bien cargadito. Ni rastro de los músicos. Una voz rompió el silencio. El primer personaje es la voz de Miguel Ángel convertido en speaker de su propio proyecto. "Como este concierto es de bajo presupuesto nos tenemos que presentar nosotros mismos..." Los músicos salen desde el fondo de patio de butacas y avanzan al escenario entre los pasillos. El invento funcionó. El público ya estaba en el bolsillo.

A partir de ahí, el show rodó y la conexión con el respetable no se perdió en ningún momento, incluso, con su "humor inteligente" que desata risas "Luis XVI". Diversión y virtuosismo de la mano. Despliegue vocal y musical del que ellos mismos se ríen, maridándolos, retorciéndolos, descubriéndonos cómo sus cadencias pueden ser hijas bastardas de otras cadencias (el juego de rematar sus canciones con otras canciones conocidas).

Versátiles jugaron a ser rockeros (Cantautores suicidas), a pasearse por los aires reggaes (Musa en paro busca poeta), a envolverse en los lunares de la copla (A mí se me conquista), a llenarse las botas de polvo en Arizona wifi... A protagonizar momentos bien punzantes (la versión pasodoble de su tango Hijos de España, No valen lo que quieren cobrar con nombres y apellidos... Malú, Pablo Alborán, Enrique Iglesias...), emotivos (Harto de estar harto, Analfanauta, la dedicatoria de José Félix de una de las canciones a su madre, sentada en uno de los palcos junto con el resto de su familia, al igual que la de Miguel Ángel), con duende (Eres el tipo de persona que me da coraje, el remate de Hoy la prensa viene sucia con esa cazuela que tenían a medias Chano y el Tío de la Tiza) y salpicados, siempre, de humor.

Excepcionales sabidurías, excepcionales personalidades. Tienen talentos estos dos tipos. Sólo necesitan la voz, la guitarra y el uno al otro. Antílopez.

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