Arte

La 'verdad popular' del pueblo español

  • El Museo de Bellas Artes de Sevilla acoge hasta finales de junio una muestra con obras del valenciano

Archer Milton Huntington (Nueva York, 1870- Conneticut, 1955), dedicó gran parte de su vida y dineros a promover, estudiar, coleccionar y exponer el arte y la cultura hispánicos, respondiendo su singular personalidad a la del millonario mecenas norteamericano (personalidad, tipo y personaje no demasiado frecuente, por desgracia, entre nosotros), que con gran sentido cívico, acopian un espléndido tesoro de historia y de arte, disponiéndolo luego para la formación de sus compatriotas.

Interesado desde muy joven en la cultura hispana, que para él comprendía no solo lo español, sino además lo hispano-americano y portugués, va coleccionando en numerosos viajes (su primera estancia en España data de 1892), pinturas, libros, objetos decorativos y suntuarios, que constituirían el fondo originario de la Hispanic Society, en Nueva York, emérita institución de la que es fundador y que constituye, tal vez el más importante centro de cultura española fuera de nuestro país.

Además de una esplendida biblioteca, y colecciones de dibujos, grabados, esculturas y fotografías, cuenta con pinturas de Zurbarán, Velázquez, Murillo, Ribera, Goya, Fortuny, Rusiñol, Casas, Zuloaga y Sorolla, encargándole a este último una serie de retratos de españoles ilustres para la decoración de la biblioteca y el ciclo de pinturas que ahora nos ocupa: la deslumbrante y monumental Visión de España, realizada por el maestro valenciano en un, diríamos titánico esfuerzo, en los años postreros de su carrera artística, entre 1913 y 1919.

En ese punto Joaquín Sorolla (Valencia, 1863-Cercedilla, 1923), es pintor de reconocimiento internacional. Su obra, de variado registro, ha incidido en los temas sociales, costumbristas, paisajísticos, siendo además estupendo retratista. Sus escenas situadas en las playas pueden tener el regusto viscontiniano de las señoras que pasean ataviadas de blanco o la rotundidad de la pescadora, que la luz del Poniente convierte casi en escultura. Ya es sabido. Sorolla es la luz y las luces y transparencias del mar que bulle. Optimismo, exaltación cromática…. alegría de vivir, son en gran medida el alma de su obra, y ello y no la España más dramática y ácida, tan de El Greco, pintada por Zuloaga, fue lo que tuvo que decidir a Huntington, a elegir a Sorolla para su proyecto decorativo.

Huntington aún veía lo pintoresco con ojos decimonónicos. Quería esa verdad popular feliz e idílica, que acaso ya no existía, reflejada en costumbres e indumentarias, ya solo usadas en festividades señaladas. Quería ver al pueblo español luminoso y diferente de otros pueblos, y Sorolla evitando magistralmente la españolada, le dio lo que quería, aunque ello a la postre supusiera un cierto retroceso en forma y concepto respecto a la pintura que realizaba en los años en que recibe el encargo.

Castilla, representada por la monumental Fiesta del pan de 351,5 x 1.393,5 cm., Aragón por La Jota, Navarra por El Concejo del Roncal, Guipúzcoa por Los Bolos, Galicia por La romería, Cataluña por El Pescado, Valencia por Las grupas, Extremadura por El mercado, Elche por El palmeral... y Andalucía, vista a través del imprescindible y bastante flojo El baile, los sevillanos Nazarenos, Los toreros y posiblemente las dos mejores telas del conjunto: El encierro y La pesca del atún en Ayamonte.

Todo ello supuso para Sorolla incontables viajes para descubrir los temas, y sacarlos del natural a través de numerosos bocetos, consiguiendo por encima del deseo del mecenas y del indudable valor etnográfico de la serie, un conjunto de pinturas que muestran una patria común, a la vez rica y diversa en acusados contrastes, para encono, hoy, de los que intentan desvanecer su historia y destino.

Dos ritos viriles muestran las telas que antes señalábamos como, a nuestro juicio, mejores del conjunto. El encierro (1914) muestra a unos garrochistas, como centauros, conduciendo el ganado en el momento en que cruzan un paso ferroviario. Pero La pesca del atún en Ayamonte, última tela de la serie fechada en 1919,… (¿Existen aún almadrabas allí…?), muestra una mayor tensión dinámica y cromática. A un tinglado, junto al puerto arrastran los pescadores los gigantes marinos plateados y sangrantes, la luz, de perenne alegría estalla al fondo derramándose por las espaldas que trabajan. En el extremo derecho, tres marineros de blanco, charlan indiferentes al laborioso estruendo. Luz, vida, esfuerzo, juventud, trabajo…, ¿de dónde sacaba el artista tanta energía para consagrarlos…? , porque en el momento de emprender su labor, ya casi enfermo, escribe a su esposa: "….Yo no sé si lo que voy hacer quedará bien o mal, porque no tengo gran entusiasmo por nada; solo tengo cansancio, vejez y tristeza…"

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