La última batalla de Diego de Alvear

  • Su vida estuvo llena de heroicidades, aventuras y desgracias, desde su misión en América hasta la defensa de La Isla

182 años después de su muerte, don Diego de Alvear y Ponce de León ha ganado su última batalla, la más difícil de todas, la del reconocimiento y la admiración.

Su vida estuvo llena de aventuras, heroicidades y desgracias: exploró territorios vírgenes de la américa española y portuguesa, perdió a su familia por el ataque de un barco inglés y evitó que los franceses conquistaran Cádiz, lo que le supuso la marginación y el olvido. Hasta que el caso Odyssey saltó a la prensa, tan solo sus descendientes le recordaban, hoy don Diego de Alvear vuelve a ser patrimonio de todos.

Nació en Montilla en el año 1749, era el heredero de una importante familia de Andalucía, su abuelo había instalado las famosas bodegas Alvear, pero él estaba llamado a llevar una vida menos empresarial y más aventurera. Con 21 ingresó en la Armada y cuatro años después llegó a América. Allí dirigió expediciones con científicos españoles y portugueses que recorrieron el territorio entre los ríos Paraná y Paraguay, llegando hasta el Iguazú, en donde se rodaría años después la película La misión. Diego de Alvear vivió en primera persona las consecuencias de la expulsión de los jesuitas: las comunidades indígenas quedaron sin protección y a merced de intereses comerciales.

Se casó con María Josefa Balbastro y tuvieron ocho hijos, el primero de ellos, Carlos María, en 1789, en la ciudad de Santo Ángel, en el Estado de Misiones. Durante sus viajes, Diego de Alvear anotaba en su Diario desde descripciones de ríos, montañas, animales y plantas, hasta pueblos y habitantes de aquellas tierras. Sus observaciones fueron el primer estudio científico de esa parte del continente y continuaron hasta que una nueva guerra entre Portugal y España las interrumpió bruscamente.

A principios de 1804 Diego de Alvear y toda su familia esperan en Montevideo para embarcar en una flota organizada por la Corona. Ésta había partido de Lima transportando en uno de sus barcos, La Mercedes, unas 900 mil monedas de oro y plata, según documentación hallada por el investigador Antonio Moreno Hurtado. Cuando la flota llegó a Montevideo traía graves averías y a su comandante, Tomás de Ugarte, muy enfermo. Una de las fragatas no estaba en condiciones de continuar viaje por el Atlántico. Su carga se repartió entre las otras tres, teniendo que ocupar con bultos hasta los emplazamientos de los cañones. En total la expedición llevaba unos dos meses de retraso, tiempo suficiente para que Inglaterra tuviera noticias sobre el tesoro que transportaban.

La familia Alvear se instaló en La Mercedes, pero él tuvo que marcharse a La Medea para ocupar un puesto de mando que había quedado vacante, le acompañó su hijo mayor Carlos María, de 15 años.

Llegaron a las costas de Portugal el 5 de octubre y allí les esperaban cuatro barcos de guerra británicos. Éstos enviaron a un oficial para exigir la rendición. Diego de Alvear actuó como traductor en aquel encuentro. La Mercedes, en previsión de un abordaje, comenzó a virar a sotavento, lo que hizo pensar a los ingleses en un movimiento de huida. La fragata inglesa Amphion disparó contra ella y le acertó en la santabárbara, provocando su hundimiento y la muerte de 249 personas, entre las que estaba toda la familia Alvear. Padre e hijo fueron testigos de aquel ataque, sin embargo, siguieron luchando, intentando inútilmente repeler el asalto.

Don Diego de Alvear y Ponce de León, a los 55 años, perdió en aquella batalla todo por lo que un hombre suele luchar, su familia, su trabajo y su fortuna. Junto al resto de supervivientes fueron hechos prisioneros y conducidos hasta Inglaterra. Allí las autoridades se sorprendieron al saber que los barcos españoles sólo llevaban unos cinco millones de pesos, la mayoría perteneciente a sueldos de oficiales y ganancias de comerciantes particulares, pero ni rastro de las más de 900 mil monedas de oro y plata acuñadas en Lima. Nació entonces la certeza del tesoro de La Mercedes. En la actualidad, tras los juicios ganados a Odyssey, han sido devueltas a España 500 mil de esas monedas.

Diego de Alvear y su hijo permanecieron retenidos en Gran Bretaña durante muchos meses. En ese tiempo, don Diego conoció a Luisa Rebeca Ward, con quien entabló una relación. Mientras tanto, España se veía arrastrada por las ambiciones marítimas de Napoleón, que pretendía invadir Inglaterra. La aventura terminó con la derrota de Trafalgar en octubre de 1805. Eso facilitó la liberación de todos los prisioneros que, junto con don Diego, habían estado retenidos para evitar que participaran en las distintas batallas.

Cuando por fin Diego de Alvear llegó a España, lo hizo acompañado por su prometida Luisa Rebeca Ward, con la que se casaría un año después en Montilla, antes de trasladarse a Cádiz. Don Diego aceptó el destino que le llevaba a la Isla del León (actual san Fernando) como jefe de Artillería de Marina, mientras su hijo Carlos ingresaba en los Carabineros Reales

Tras el inicio de la Guerra de Independencia, Alvear reorganiza la defensa de la Isla, en previsión de ataques terrestres y marítimos. La flota francesa del almirante Rosilly estaba en la bahía de Cádiz mezclada con la española y era complicado aislarla y derrotarla sin que provocara graves daños a la población. El 9 de junio comienzan los enfrentamientos, Alvear manda reforzar las baterías de costa, mientras las fragatas españolas maniobran para acorralar a las francesas. El 14 Rosilly se rindió, entregando su flota, armas y abastecimientos a los españoles.

Alvear organiza entonces un Cuerpo de Voluntarios para hacerse cargo de la defensa terrestre de la zona. Por esas fechas llegan a Cádiz numerosos soldados tras ser vencidos por los franceses, entre ellos se encuentra Carlos María, su hijo, que se incorpora a la defensa de la Isla.

El intento de ocupación por tierra de los franceses se produjo en febrero de 1810. Sesenta mil hombres al mando del mariscal Victor llegaron a las puertas de La Isla del León el día 5, tras haber conquistado toda Andalucía. A la mañana siguiente el mariscal exige la entrega de la plaza, pero los españoles se niegan a rendir la Isla. Están dispuestos a luchar hasta el final para impedir la conquista de Cádiz y de la flota allí amarrada.

Lo que el Mariscal no imaginaba era que Alvear había movido las defensas, centrando todo el potencial artillero en el Puente de Suazo. Cuando los franceses intentaron el asalto, la metralla les frenó el avance y les obligó a retroceder. Diego de Alvear y los suyos fueron ganando posiciones, hasta obligar a los franceses a refugiarse en Chiclana.

En reconocimiento a su actuación, don Diego fue nombrado gobernador político-militar de la Isla del León, y como tal acogerá en su territorio al Consejo de Regencia, o sea, el gobierno legítimo. Las Cortes fueron convocadas para el día 24 de septiembre y para ello se reorganizó el espacio del edificio del Corral de Comedias.

A finales de 1811, su hijo Carlos decidió volver al Río de la Plata. Se siente criollo y sus compatriotas están luchando también por su independencia. La despedida entre padre e hijo debió ser muy emotiva, sus vidas se separaban definitivamente y se situaban en bandos rivales.

Las reuniones de las Cortes se mantienen en la Isla hasta febrero de 1812, en que se trasladan al Oratorio de San Felipe Neri, en Cádiz capital. En agosto de ese año los españoles consiguen romper definitivamente el Sitio de Cádiz y recuperan el contacto con el resto de la península. Los franceses huyen por los pirineos en junio de 1813. La villa de la Isla del León es reconocida como ciudad y pasa a llamarse San Fernando, en honor al rey.

Sin embargo, cuando meses más tarde vuelve Fernando VII, Diego de Alvear solicita permiso para dejar sus cargos en San Fernando y trasladarse a Inglaterra. No se trata de un exilio, pero sí de una medida prudente ante lo que estaba a punto de suceder: el desprecio del rey a los que habían luchado por la independencia.

Tres años después Diego de Alvear regresa y se instala en Montilla, manteniéndose alejado de la política. Sin embargo, las convulsiones del país se lo impiden y toma partido por la causa liberal, de la que se convierte en líder. El triunfo del absolutismo en 1823 supone para Alvear una derrota y la pérdida de sus cargos y honores. España se divide entre absolutistas y liberales, lo que provocará un futuro de odios y guerras.

Aunque Diego de Alvear consiguió, antes de fallecer en 1830, la restitución de su honor, no evitó que sus hazañas cayeran en el olvido. Incluso el Diario de sus expediciones fue plagiado por un antiguo colaborador.

Sus descendientes siguieron luchando por su memoria, pero todo parecía en vano, hasta que una empresa llamada Odyssey sacó del mar 500 mil monedas de oro y plata acuñadas en Lima en 1803. En ese momento el recuerdo de don Diego de Alvear volvió a resurgir con fuerza y empezó a ser conocido y reconocido en su tierra.

Ahora, por fin, podrá ocupar el lugar que siempre debió tener en la historia de España, de Europa y de América.

Fuentes: "Historia de la Armada Española" de Cesáreo Fernández Duro/"Historia de Don Diego de Alvear" (1891) de Sabina de Alvear y Ward / "Historia de Don Diego de Alvear" (1892) C. Fernández-Duro / www.sanfernando.es /Declaraciones de Antonio Moreno Hurtado / Testimonio del marino Miguel de Zapiain / www.1808-1814.org /http://es.wikipedia.org/ www.cervantesvirtual.com

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