benito olmo. escritor

"El trabajo de detective no es tan glamuroso como parece"

  • El autor retoma a Bianquetti en 'La tragedia del girasol'

  • La novela recrea el mundo del narcotráfico y las coordenadas del amor tóxico

El escritor gaditano Benito Olmo. El escritor gaditano Benito Olmo.

El escritor gaditano Benito Olmo. / c.p.

Benito Olmo (Cádiz, 1980) retoma en La tragedia del girasol (Suma) a su distintivo Bianquetti: policía en "excedencia" reconvertido ahora a detective privado; un personaje que el autor gaditano asegura tener "muy interiorizado e identificado. Tras La maniobra de la tortuga, sabía que podía tener más recorrido, pero todo dependía de si la aceptación de la novela iba a ser buena o no. Siempre depende de eso, claro. Por suerte, han sido muchísimos lectores los que me han pedido más".

"En esta ocasión -afirma-, trabajar con él ha sido muy divertido, porque ya no está sujeto a ninguna normativa, que es lo que le pega a su personalidad".

Lo más complicado, narrativamente, ha sido dar una continuidad a La maniobra de la tortuga sin que se note que lo es: La tragedia del girasol funciona también, no obstante, como novela independiente. Algo que los lectores agradecen y las editoriales, también. El que sufre es quien escribe: "No es fácil encontrar ese equilibrio para no aburrir a quien ya tiene referencias, y hacer que no se pierdan los nuevos lectores."

Bianquetti -ahora, "desencadenado"; siempre, desencantado- sigue viviendo en Cádiz, una ciudad que no entiende y en la que no se encuentra: "Realmente, a Bianquetti no le gustaría estar en ningún sitio -explica Benito Olmo-. Es un inadaptado. Sus únicos dos puntos de anclaje con la realidad son Cristina, su novia, y Sol, su hija, que está en Madrid. No pertenece a ningún otro sitio que no sea donde puedan estar ellas dos".

"También te digo que, siendo como es alguien malhumorado, tosco, grosero, es un gustazo poner a un protagonista así en medio de la llamada ciudad de la alegría, protestando por cosas como el viento o la humedad mañanera".

Bueno, al fin y al cabo, parece que un detective de novela negra esté llamado a ser un alma torturada: "En las épocas de crisis, contratar a un detective es un lujo que pocos pueden pagar. Por otro lado, Bianquetti no está acostumbrado a tratar los temas clásicos de la investigación privada (infidelidades, sobre todo) que, en un principio, parecen muy lejanos de lo que ha sido su ámbito de actuación -explica Olmo-. Los encargos no suelen ser temas tan glamurosos como los que vemos en las películas. Pero, como Bianquetti es un imán de problemas, enseguida comprobamos que dos trabajos rutinarios (la búsqueda de una chica desaparecida y el proteger a un empresario), se van a convertir en dos problemas gordos. Bianquetti, además, tiene un sentimiento muy primigenio de la justicia: no puede conseguir que un criminal se quede sin castigo".

Y, si el detective de novela negra casa con el concepto de paria, el amor de novela negra casa con la autodestrucción. Eso es lo que cuenta La tragedia del girasol: los soles absolutos capaces, también, de quemar. "El amor que aparece en la novela es un tipo de amor que no se encuentra en las películas románticas, el amor tóxico, que cambia a la gente y la hace actuar como no es en realidad -indica el autor-. A uno de los personajes le ocurre esto: le ciega un amor que lo anestesia y que le obliga a hacer cosas terribles".

En La tragedia del girasol, el mundo de la droga cobra especial protagonismo, en unas coordenadas muy parecidas a las que propone Misha Glenny en McMafia: altas finanzas y negocios turbios se unen en una maraña pegajosa y compacta. "Públicamente, a los grandes empresarios y a los grandes hombres de negocios se les presupone honradez, aunque luego, todos asumamos que las grandes fortunas son sospechosas... Fariña, por ejemplo, muestra muy bien estos asuntos y hasta dónde pueden llegar los tentáculos de la droga".

La segunda entrega de las andanzas de Bianquetti llega a las librerías sólo unos meses antes de que comience el rodaje -planeado en un principio para después de este verano- de La maniobra de la tortuga, a cargo de Juan Miguel del Castillo (Techo y comida). El rodaje tendrá lugar a lo largo de la Bahía ya que, según afirma Olmo, "se van a respetar todos los escenarios de la novela": "En un principio -continúa-, yo no quería participar en el guión, porque creo que es mejor dejar a los que saben; además, lo que me interesaba realmente no era tanto que fuera fiel a la novela como que saliera una buena película. Pero, al final, me han obligado a asesorar, a ir metiéndome en el proyecto... Y terminé viendo que sería muy interesante convertir en lenguaje cinematográfico esas escenas que escribí para novela y que tienen, ya de por sí, un fuerte componente visual, porque está implícito en mi forma de escribir. Eso me ha ayudado mucho a la hora de convertir el texto a guión, cosa que me ha divertido muchísimo. Pero lo fundamental, y lo que me interesa, son los lectores, a los que espero también guste esta segunda historia".

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