El teatro comprometido del primer tercio del XIX abrió el encuentro

  • En la inauguración de la cita, la directora del Consorcio del Bicentenario expresó su confianza en la futura creación de un centro de estudios constitucionales

Los buenos deseos estrenaron la cuarta edición del Congreso Doceañista. La vicerrectora de Extensión Universitaria, Marieta Cantos, manifestó su confianza en la Red Universia y la recién creada Aula Universitaria Iberoamericana como "elementos de conexión fundamental para tender lazos con América". Mª Luisa Juárez, directora del Consorcio del Bicentenario, expresó su confianza en que la Universidad gaditana sea capaz de dejar, tras las celebraciones del doce, "un gran centro de estudios constitucionalistas ".

Si eso es cierto, estos encuentros organizados por la UCA vendrán a ser su semillero. Inaugurado ayer -en el Aula Magna de Filosofía y Letras, con las ponencias de Antonia Calderone y Michael Zeuske-, el IV Congreso desarrollará un ciclo de comunicaciones, conferencias, presentaciones y mesas redondas con los emblemas de la libertad como aglutinante. Entre las líneas de estudio presentadas, fue el teatro de comienzos del XIX -la forma más popular de la literatura culta- el elegido para iniciar la andadura de este año.

"Los estudiosos del XVIII consideran el primer tercio del siguiente siglo fuera de su competencia y el Romanticismo no comienza hasta 1830", comentó la profesora Antonia Calderone al inicio de su conferencia, El lenguaje de la libertad en el teatro político y patriótico del primer tercio del siglo.

"Sin embargo -continuó- las letras se constituyeron en impulso y elemento aglutinante de la opinión pública de la época, ya fuera a través de la literatura popular (periódicos, panfletos…) como de la culta. Y dentro de ésta, el teatro tenía la peculiaridad de vencer la barrera del analfabetismo".

Calderone, catedrática de Literatura de la Universidad de Messina, aseguró que el objetivo principal de los textos dramáticos de la época era "defender los ánimos patrióticos y difundir una nueva corriente de pensamiento". De hecho, el número de piezas compuestas era tan elevado que se podrían seguir los avatares de la guerra a través de la producción teatral -dividida entre las sátiras contra Napoleón y Pepe Botella y las laudatorias sobre Fernando VII.-.

"La primera literatura decimonónica se hacía eco de los enciclopedistas y se posicionaba contra el Absolutismo y sus circunstancias, que se consideraba un crimen político -explicó la ponente-. Con la clásica pugna entre libertad a la inglesa, a la francesa, más radical, y lo que podríamos llamar una imprecisa libertad española".

El primer teatro decimonónico puede dividirse, según la autora, en tres fases bien diferenciadas que vienen a coincidir con los distintos periodos históricos. Así, en un primer momento, se teatraliza la lucha contra el enemigo invasor: "La libertad y la patria son valores supremos por los que morir ya que vivir sólo es aceptable si se es libre. En la época, religión, patria, rey son la única vía posible de identidad común", afirmó Calderone.

En ellos, en ocasiones se hace referencia a textos de La Pepa o del corpus legal: se señalan los avances conseguidos, la libertad de imprenta, el concepto de igualdad, la prohibición de torturas, la limitación del poder real o la instrucción universal "que incluía por primera vez a las mujeres", apuntó Antonia Calderone.

A partir de la Constitución, los textos teatrales tenían una intencionalidad más propiamente política mientras que el Periodo Liberal se hace tan patriótico como el de 1808: "Predomina el didactismo -indicó la profesora-. Se recogen los hechos históricos pero con un constante afán porque coincida con el espíritu liberal. En una de ellas, O Constitución o muerte, se llega a afirmar que sólo los liberales pueden llamarse leales".

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