alberto san juan. actor

"El teatro es el ámbito más libre, el cine lo es menos y la tele, mucho menos"

  • El intérprete madrileño, ahora embarcado en el proyecto del Teatro del Barrio, llega mañana al Moderno de Chiclana con el monólogo 'Autorretrato de un joven capitalista'

-¿Cómo es Autorretrato de un joven capitalista, la obra que presenta mañana en Chiclana?

-Es una obra en la que hablo de mi vida desde el año en que nací, en 1968, como excusa para hablar de la vida en mi país, tratando de entender el recorrido que nos lleva hasta la situación actual, y deteniéndome particularmente en la Transición, que es el anterior punto de inflexión en nuestra evolución histórica, me refiero a un cambio de ciclo. Curiosamente el ciclo franquista duró 40 años, cambia con la Transición y el siguiente ciclo dura 40 años y parece que ahora estamos ante un cambio de ciclo que, al igual que en la transición, inicia la gente, los ciudadanos, movilizándose en las calles.

-¿Hacia dónde ha mirado para crear el personaje: hacia dentro, a la realidad?

-Sí, sobre todo alrededor, pero con mis ojos, es una mirada subjetiva y parcial con la intención de ser lo más amplia posible, pero inevitablemente subjetiva y parcial. Porque como digo en la obra, el espectáculo nace de un ignorante, que soy yo, que empieza a leer para intentar comprender algo más la realidad en la que vive, intentar comprenderla como paso previo a intentar cambiarla.

-¿Cómo va la experiencia del Teatro del Barrio, en Lavapiés?

-Pues va muy bien, es una cooperativa de consumo de la que forman parte trabajadores y usuarios, espectadores del teatro. Tiene dos patas fundamentales que son las producciones propias, de teatro político o casi periodístico, como - con obras como Ruz-Bárcenas, El Rey o Autorretrato- y la otra pata es la Universidad del Barrio, con cursos impartidos por profesores universitarios.

-Desde luego, las obras son actuales, pegadas a la realidad: ¿es una norma que se autoimpone Alberto San Juan al crear?

-No, yo creo que no hay normas y que la creación debe estar guiada siempre por la libertad personal. Yo, personalmente, amo el teatro de repertorio y toda la vida haría Shakespeare, Chéjov..., pero en este momento la verdad es que me tira más hablar de lo que está pasando desde el teatro.

-¿Cree que en España se hace un teatro comprometido y un cine no comprometido?

-El grado de libertad disminuye a medida que aumenta el coste económico del proyecto. El teatro es el ámbito más libre, el cine lo es un poco menos y la televisión los es mucho menos. Por eso, digamos, que la calidad artística de lo que se hace en televisión tiene unas limitaciones porque hay mucho dinero en juego, entonces la libertad tiene limitaciones, aunque hay grandísimos creadores trabajando en la televisión. En el cine pasa menos, pero también pasa. Poca gente puede hacer lo que le da la gana en el cine, a no ser que lo haga sin dinero.

-¿Y en el teatro sí se puede?

-En el teatro se puede..., tampoco es barato porque si haces una obra con tres actores, y quieres hacerla en condiciones laborales dignas, con el alta a la seguridad social, sus contratos... necesitas dinero, aunque infinitamente menos que en el cine y que en la televisión.

-¿Estaría de acuerdo si le digo que el cine le ha hecho popular y el teatro le ha hecho actor?

-Mi escuela es el teatro, por supuesto, con la compañía Animalario donde estuve durante quince años continuados. Pero, no estoy de acuerdo con ese criterio que dice que para ser actor necesariamente hay que hacer teatro, hay muchos compañeros que sólo han hecho cine y son grandísimos actores. Y luego hay que gente que se le da mejor una cámara que un escenario.

-¿Es Animalario lo que mejor le ha pasado en escena?

-Laboralmente, sí; lo primero Animalario y lo siguiente el Teatro del Barrio.

-¿Y Animalario se encuentra en posición stand by?

-Animalario como tal, como compañía, no creo que vuelva a funcionar nunca. Lo que pasa es que los miembros de aquella compañía llevamos este bagaje encima, seguimos trabajando con lo que hemos aprendido y experimentado en esa compañía, y nos juntamos a veces, como en la obra El Rey: Willy Toledo, Luis Bermejo y yo.

-¿Y le da pena de que haya pasado esa etapa?

-Me da pena, por supuesto, pero no es ningún drama porque cuando un periodo se agota, es absurdo tratar de alargarlo.

-Tras el paso que dio con Podemos en Madrid, ¿cómo lo está viviendo y qué cree que puede deparar el futuro?

-Ya estamos en un proceso de cambio, ya está abierto desde hace unos años, hay una implicación más grande, una toma de conciencia, de las personas que habitan esta sociedad en cómo desarrollarla y construirla. Hace diez años habría una delegación absoluta de todo lo que ocurría en esta sociedad en manos de los políticos profesionales. Ahora ya no, hay una necesidad de participar directamente, y ese es el impulso que generó el proceso de la Transición y que luego se vio interrumpido al institucionalizarse. Con los partidos políticos se creó un mundo cerrado al que la ciudadanía ha sido ajena, y ahora reclamamos que el espacio de decisión política se abra a todos, es decir, que la democracia se desarrolle.

-Ahora parece que se abre un periodo de incertidumbre en la izquierda en general.

-Podemos se está construyendo todavía, y ojalá siga siendo siempre un organismo vivo. Ahora mismo hay dos líneas diferenciadas, una la defendida por la dirección, que opina que en este momento el proceso tiene que estar controlado desde arriba, y otra, la de mucha gente de Podemos, de cargos intermedios, bases, simpatizantes, votantes, que piensa que habría que abrir los procesos de elección, que la pedagogía democrática tiene que empezar ya, que no se puede esperar a ganar unas elecciones.

-Intuyo que está usted en esa segunda posición

-Bueno, yo no sé si la dirección tiene o no razón en su estrategia, a mí lo que me parece imprescindible es abrir el espacio de decisión, que se convoquen las asambleas ciudadanas para decidir qué modelo de confluencia prefiere.

-Y una curiosidad: usted que estudió Periodismo, ¿qué le hizo huir de este lado del teléfono?

-(Ríe) No huí para nada. Me metí de casualidad en Periodismo, porque no tenía ni idea de qué hacer con mi vida, pero a lo largo de la carrera tampoco me acerqué especialmente al oficio. Pero al acabar la carrera, empecé a hacer prácticas en Diario 16, estuve dos años. Fue una etapa muy feliz que me enganchó totalmente, pero se me ocurrió meterme en clases de teatro. Teatro del Barrio reúne aquella naciente pasión que empecé a experimentar con el periodismo y que se vio desplazada por el teatro.

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