El sorprendente directo de Lonely Driften Karen

  • El exquisito proyecto musical de Tanja Frinta arranca ovaciones en el Teatro Pedro Muñoz Seca

La mayor parte de las etiquetas musicales sólo sirven para sentirse seguro, para ingresar en ese cálido terreno del reconocimiento: esto es blues, eso rock; esto es folk, aquello una polka... Nombrar para estar tranquilos, para no dejarse avasallar por estímulos desnudos. Y esto sucede más frecuentemente cuando se trata de una chica con guitarra. Entonces es inevitable que algún tipo de resorte conduzca invariablemente a la más absurda confusión.

En el caso de Lonely Drifter Karen el asunto es aún más sangrante. Tanja Frinta es una chica de aspecto delicado, casi celestial, que canta como los ángeles y se hace acompañar por una inmensa guitarra acústica. Pero lo que hace, salvo leves excepciones, está lejos de ser mera música folk.

Así, la noche del jueves, nada más abrir la boca, el respetable se vio venir un largo concierto de folk preciosista hasta que vinieron las primeras variaciones. Aquello tenía efectivamente muy poco que ver con el folk, y sí mucho con el pop grandilocuente y la música de cabaret.

Si fuese posible conciliar dentro de una misma canción a The Divine Comedy, Jolie Holland y los primeros The Cardigans, el resultado sería algo similar a lo que este trío cosmopolita interpretó sobre el escenario del Teatro Pedro Muñoz Seca: momentos sosegados y delicados interrumpidos por eclosiones vigorosas de teclados y mazas de aire circense que iban y venían, dejando al público estupefacto y encantado.

Tanja Frinta, responsable del proyecto, se presentó ante el público portuense agradeciéndonos el sol, tan esquivo en la Bélgica que acababan de dejar. Chapurreó algo en español y luego se lanzó a interpretar cortes de sus dos discos largos, alternando temas en los que su voz sobresalía sobre un barroco piano con otros que parecían proceder de la Alemania de Brecht.

Entre las canciones más celebradas destacaron The Owl Moans Low, la jazzera The World Is Crazy y una magnífica Russian Bells. Para terminar de meterse en el bolsillo al respetable, la políglota Tanja Frinta se atrevió con La Hierba Canta, tema en el que canta algunas estrofas en un más que aceptable castellano.

Mención aparte merecen el virtuoso pianista mallorquín Marc Melià Sobrevias, que lo mismo tocaba el piano clásico que el órgano al más puro estilo Ray Manzarek; y el baterista veronés Giorgio Fausto Menossi, quien, con su aspecto de gondolero de patillas infinitas, dio un recital percusivo valiéndose de mazas, baquetas, escobillas o la propia guitarra de Tanja Frinta.

En definitiva: muy buen concierto el del trío Lonely Drifter Karen, que demostraron que no hace falta adherirse ninguna clase de etiqueta para hacer buena música e interpretarla con prodigiosa valentía.

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