Un siglo de Burt Lancaster, el actor que dejó atrás el trapecio

  • Este sábado se cumplió el centenario del nacimiento del artista, a la vez icono del cine de acción e intérprete consagrado

Una altura de 1,85 metros, músculos vigorosos y una sonrisa deslumbrante: Burt Lancaster era uno de los hombres más bellos de Hollywood. Como pirata galante en El temible burlón o como héroe de western mal afeitado en Vera Cruz, el actor irradiaba virilidad. Pero Lancaster, que este 2 de noviembre habría cumplido 100 años, era más que un cuerpo y una cara: con los años se convirtió en uno de los actores más notables de Hollywood.

Hijo de un empleado de correos de Nueva York, Lancaster murió poco antes de su 81 cumpleaños, en la noche del 20 de octubre de 1994 en Los Angeles. Atrás quedaban cuatro décadas de éxitos ante la cámara en las que rodó más de 70 películas con escenas inolvidables.

Su presencia carismática le abrió en Hollywood las puertas, a pesar de no tener formación de actor. Aunque obtuvo una beca deportiva en la Universidad de Nueva York, nunca se graduó. Trabajó como acróbata de circo y trapecista, también ganó dinero como vendedor y fue llamado a filas para servir en la II Guerra Mundial.

Lancaster no era tan joven cuando empezó a actuar y no debutó en la pantalla grande hasta los 32 años. En la adaptación cinematográfica de Forajidos de Hemingway, dirigida por Robert Siodmak, interpretó a una víctima de un asesinato. Ya en su primera aparición en esa película policiaca hizo furor en Hollywood.

Con la cinta de aventuras El halcón y la flecha (1950), Lancaster llenó las salas de cine. Su fama de héroe osado en la pantalla grande quedó bendecida dos años después con la película de piratas El temible burlón. Si quedaba alguna duda acerca de su capacidad como autor, quedó disipada a partir de la película épica de Fred Zinnemann De aquí a la eternidad (1953), y producción a partir de la cual Lancaster sería considerado para encarnar a personajes de mayor profundidad.

En el drama bélico, premiado con varios Oscar, Burt Lancaster interpretaba a un sargento que se enamora en la mujer de un superior. La escena de amor entre Lancaster y Deborah Kerr en una playa de Hawai hizo historia en el cine, convirtiéndose en uno de los besos más apasionados del séptimo arte. El papel le valió al actor su primera nominación al Oscar.

Sin embargo, la única estatuilla que recibió Lancaster fue por su interpretación como predicador ambulante astuto e hipócrita en El fuego y la palabra (1960). Otra nominación la obtuvo en 1962 por su papel del preso Robert Stroud en El hombre de Alcatraz.

La siguiente opción de ganar un Oscar se hizo esperar. Bajo la dirección del francés Louis Malle, Lancaster brilló en 1980 en Atlantic City como un hombre mayor que se enamora en una mujer joven, interpretada por Susan Sarandon. En la entrega de los galardones Lancaster perdió frente a su colega Henry Fonda (En el estanque dorado).

Lancaster estuvo varias veces frente a la cámara junto con su amigo Kirk Douglas, desde el drama de gángsters Al volver a la vida (1947) hasta la comedia Dos tipos duros (1986).

El director Luchino Visconti le ofreció interpretar al príncipe de Salina en su opulento drama romántico Il Gattopardo (1963), junto a la joven Claudia Cardinale y Alain Delon, mientras que Bernardo Bertolucci lo convocó en 1976 para su drama italiano Novecento, de cinco horas de duración.

La última aparición de Lancaster frente a las cámaras de cine fue en el drama deportivo Campo de sueños (1989) junto a Kevin Costner. En el invierno de 1990, Burt Lancaster sufriría un accidente cerebrovascular del que no se recuperaría plenamente y que pondría fin a su larga carrera.

Pero Lancaster, quien tuvo cinco hijos con su segunda esposa, dio el sí una tercera vez. Desde 1991 hasta su muerte vivió junto a su tercera esposa, Susan Martin.

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