"Desde siempre tuve claro que mi vida estaría en las letras"

  • Laura Jiménez Ríos acaba de publicar su primer poemario, lleno de referencias a la Filología Clásica y a la madurez

Sentada en una mesa en la esquina de la cafetería, ojeando el móvil y con un café humeante delante, Laura Jiménez Ríos parece una estudiante más, mucho más joven de lo que en realidad es. Tiene 26 años y está realizando su doctorado en Filología Clásica mientras da clases de Latín a chicos de 1º de Hispánica; viaja a menudo a Madrid, pero está enamorada de su Cádiz.

Desde muy pequeña, a los 7 y 8 años, "me montaba mis historias y escribía poesía". Publicó en mayo de este año el que es su primer poemario, Terrorismo emocional, estructurado, como ella misma cuenta, en tres partes inspiradas "en esa Safo locamente enamorada, en la Penélope que espera un regreso que nunca llega, y finalmente en Ariadna, desesperada y resignada". Y es que la escritura de Laura está, en gran medida, influenciada por su pasión por la Clásica. "Del mundo romano me apasiona el Ovidio de las Heroidas, de ahí esas tres partes del poemario; pero, en general, es mi vida, me paso las horas entre textos clásicos, y es inevitable que eso se traslade a mi escritura".

Una influencia que resulta un tanto peculiar en un panorama, el de la poesía joven, que está lleno de referencias a Bukowski y a Alejandra Pizarnik: "Uno de los problemas de la nueva ola es que los autores citan a tres influencias, que siempre suelen ser las mismas... y eso está muy bien, pero hay más cosas". Habla de que se ha entrado en un bucle en el que hay autores no tan buenos que están triunfando casi como ídolos de masas; no es absolutamente crítica con este fenómeno de la poesía tuitera, de hecho tiene amigos en ese círculo, y para ella "lo bueno que tiene la poesía es que es palpable, que se mueve". Sí establece unos límites, a su juicio: "Te alegras porque la poesía de ese modo llega a más público, pero eso es bueno siempre que los lectores avancen y busquen a otros autores".

Laura habla de su propia experiencia, de lo que ha visto en sus viajes a Madrid o a otras ciudades con más movimiento, y sobre todo del fenómeno de las nuevas editoriales: "Cuando lo vives desde dentro es muy diferente... Hay editoriales con un boom tremendo, que lo que han hecho es publicarse a ellos mismos", señala, y se apresura a aclarar que "yo no creo que sea la mejor del mundo, ni muchísimo menos, pero sí considero que hay gente con mucho éxito que no es para tanto, y viceversa; el mensaje que estamos dando es que si tienes el número suficiente de seguidores, o dinero, o te mueves en los ambientes correctos, da igual lo que escribas, puedes publicar", y eso es peligroso, afirma.

Su poemario forma parte de la colección Alumbre, lanzada por la Diputación de Cádiz y dirigida por la escritora Carmen Moreno. Ésa era una de las razones por las que a Laura le provocó "pánico escénico" la noticia de que era la elegida para este año: "Carmen es mi prima, y lo primero que me vino a la cabeza fue que todos iban a pensar que por eso me publicaban", se sincera. Sin embargo, llega un punto en que "te sientes preparada para dar ese salto, de la intimidad de tus sentimientos a pensar que estás dispuesta a que te lean", cuenta.

En su libro también hay referencias a Cádiz ("Nací en una ciudad con cañones en las esquinas", dice uno de sus poemas).Y por eso es inevitable que el panorama literario gaditano salga a colación: "Es triste que una ciudad como Cádiz, el emblema de la libertad, esté ahora así; la gente no se suele implicar mucho, y los que se implican siempre son los mismos", se lamenta. Tampoco le gusta lo de "ver y dejarse ver" y sentencia que "el ego, al final, contamina lo que escribes".

Le gusta su ciudad y le gusta lo que hace; y le gusta, por supuesto, la poesía. Cita a Luis García Montero como su poeta favorito, a Gloria Fuertes como uno de sus primeros referentes ("y no porque sea el centenario este año") y a Diego Álvarez y Blanca Flores como escritores menos conocidos que recomienda. "Hay gente muy buena y sobre todo muy humilde, también en Cádiz, y ojalá les llegue su oportunidad", dice.

Es en sus clases donde ella ha vuelto a tener esperanzas en el futuro de la poesía. Cuenta que sus alumnos, con 18 años, ya tienen una opinión formada, son críticos y "saben lo que es bueno y lo que es malo", y tienen curiosidad y van más allá de los autores más típicos. "Se acercan, te cuentan lo que leen, te piden recomendaciones... Ellos también me ponen al día y me actualizan", dice sonriente.

Tras su primer poemario, es inevitable preguntarle qué vendrá a continuación. "Quiero escribir una novela, tengo la idea y está ahí, pero es un proyecto a largo plazo, porque de momento me sigo sintiendo más cómoda con la poesía", cuenta Laura. Y, por supuesto, seguir con su tesis.

Ahora mismo, su objetivo es "seguir aprendiendo y seguir con la poesía"; se sincera y cuenta que siempre va buscando cómo innovar en su vida, "por eso creo que una novela me aportaría mucho y lo quiero intentar". Pero le preocupa el tiempo; "un poema, tenga 10 ó 30 versos, cuando lo terminas ya está, se ha acabado, pero una novela siempre está en evolución".

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