El alma de la santería cubana, en el objetivo de Joaquín Hernández 'Kiki'

  • El Museo Provincial de Cádiz abre sus puertas al mágico mundo de los orishas, una tradición ancestral en la que el fotógrafo gaditano se ha adentrado en los múltiples viajes que ha realizado a la isla caribeña

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Hace años que el fotógrafo gaditano Joaquín Hernández 'Kiki' viaja a Cuba atraído por su idiosincrasia, cultura y sus gentes. Allí se ha contagiado de numerosas vivencias, decenas de costumbres y miles de experiencias. Muchas han sido capturadas por el objetivo magistral de su artífice, en el seno de círculos cerrados, casi prohibitivos, en los que ha sabido hacerse hueco, traspasar las fronteras de la psique de sus protagonistas y envolverlas de la misma naturalidad en la que surgen. Historias convertidas al arte de la fotografía y que ahora llegan al Museo Provincial de Cádiz postradas al mundo de la santería, una práctica bien enraizada en la vida cotidiana de Cuba.

Reino de Orishas es el título de la muestra que ayer se inauguró en la pinacoteca provincial, de la mano de la Oficina del Bicentenario de la Constitución de 1810-1812, dependiente de la Diputación, con la colaboración de la Delegación Provincial de Cultura y Diario de Cádiz.

Una exposición compuesta por cincuenta y cinco instantáneas y que se articula en dos grandes secciones. Por una parte, la que recoge la práctica general de los estos ritos en la isla y, por otra, la peregrinación espontánea que cada 17 de diciembre emprenden miles de cubanos para entregar sus ofrendas en el Santuario Nacional de San Lázaro, en el poblado de El Rincón.

Fue a principios de la década de los noventa cuando el fotógrafo viajó por primera vez a la isla de Fidel. En esta primera toma de contacto ya le llamó poderosamente la atención "la práctica de este tipo de religiones y ritos extraños en un país comunista", comenta Kiki. Cada vez que volvía a la isla reincidía, cámara en mano, en el misterioso mundo de los orishas o culto de la Regla de Osha. Fue consciente de la forma en que el régimen fue adoptando una actitud cada vez más permisiva con la santería, "porque aunque muchos lo practicaban, no estaba bien visto que un militante del partido portara los abalorios propios de estos ritos. Pero hace varios años que todo empezó a cambiar". Su cámara ha captado numerosas manifestaciones del antes, el después y el ahora de una tradición que permanece inmune al paso del tiempo. Y un buen día se percató de la buena colección que con los años se había agenciado de estos ritos. Instantes de captura permitida, en la mayoría de las ocasiones, y otros robados. Todos, eso sí, preñados de la imaginación que envuelve a este submundo, tan rebosante de leyendas, bailes, fetiches y gestos que conectan con esta cultura ancestral del más allá, existente en Cuba desde la llegada de los primeros esclavos africanos.

Pero una cosa el resultado fotográfico y otra la interpretación de su significado. Tarea nada fácil que ejecutó gracias a la colaboración de la antropóloga Natalia Bolívar, practicante de la santería y militante del Partido Comunista. Junto a ella llegó a asimilar el rito de los tambores, las llamadas a los orishas el día de su nacimiento, los colores o números a los que se asocian u otras manifestaciones tan sorprendentes como la peregrinación protagonizada cada año por las miles de personas que acuden a ver a San Lázaro o Bababú Ayé -como allí se le conoce- en medio de múltiples manifestaciones del sacrificio. "Es la convocatoria de carácter espontáneo a la que acuden más cubanos. La peregrinación de los devotos empieza una noche antes y van ataviados con vestimentas de arpillera", explica de esta cita a la que ha acudido hasta en cuatro ocasiones. "Me llamó mucho la atención el fervor que les lleva a emprender acciones como atarse los pies o arrastrar piedras", comenta.

Un rito que copa parte importante de la muestra y al que se suman otras encomendaciones a orishas como Elegguá, "que abre o cierra puertas a la desgracia", Ochún -Virgen de la Caridad del Cobre - o a Changó -Santa Bárbara-". Y es que cada orisha se esconde tras la imagen de un santo católico, en respuesta a la prohibición a la que históricamente ha estado sometida la santería y a la fusión surgida con el culto católico a la llegada de los colonizadores españoles. También recoge sacrificios, ofrendas y sesiones de espiritismo.

Instantes captados desde la lejanía objetiva del que observa, pero con la ingenua y sabia mirada del que se deja sorprender. Porque Kiki no es practicante, ni mucho menos, ni le han "echado los caracoles", como se dice popularmente a la ceremonia de inicio en la santería. Pero, "por si acaso", cuando viaja a Cuba porta siempre consigo un "resguardo", como le llaman, que le refrenda protección frente los malos augurios. Así consta en el Reino de los orishas.

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