Para saber a qué atenerse

  • Miguel Ángel Valencia expone en el ECCO hasta el mes de julio 'El pensamiento del arte 3'

El ECCO de Cádiz, ese Espacio de Creación Contemporánea que surgió, felizmente, hace unos años para dar vida al panorama artístico más avanzado de la capital gaditana -bastante adormecido, por cierto- ofrece la última exposición programada desde la dirección de Lorena Benot, primera directora del centro y cuya labor, valorada casi unánimemente al frente del mismo, no ha tenido continuación por las poquísimas luces de los actuales responsables culturales del Ayuntamiento -desde que gobiernan, el arte, al menos el más importantes ha desaparecido prácticamente de los espacios expositivos que existen en Cádiz- movidos al dictado por alguien que se ha autotitulado gestor cultural -¿de qué?- que llevaba tiempo, sin razón alguna, realizando un contumaz, atroz, envenenado y, por supuesto, absolutamente interesado, proceso de acoso y derribo contra todo lo que aquella llevara a cabo -que se lo pregunten si no, también, al Grupo Vendaval-, aunque esto fuese bueno, como manifiestamente ha sido, por mucho que le duela a tal personaje, a sus palmeros y a los desinformados que han dado cabida en sus medios para plantear su personal cruzada contra todo aquel que no fuese proclive a sus espurios intereses.

La presencia de Miguel Ángel Valencia, probablemente uno de los artistas con más registros creativos de cuantos existen por la zona, constata el alto nivel de lo llevado hasta el ECCO por Lorena Benot.

A Miguelo no se le descubre ahora; su ejercicio artístico lleva tiempo, mucho tiempo, abanderando lo más selecto que, en Cádiz, se hace en torno a la práctica artística más avanzada. Su producción jamás dejó indiferente; su trabajo defendía una plástica conceptual donde la idea provocaba una acción artística planteada desde las posiciones abiertas que manifestaban ese concepto de poderoso contenido. En su obra siempre ha habido una clara intención intelectual; la realidad artística era suscrita por y para algo, en una base mental que recorría un sendero semántico hasta llegar a la materialidad suprema de una forma artística. Sus obras han creado inquietud, expectación; han abierto miradas y han hecho cómplices al espectador de lo que él contemplaba. En este sentido, puedo decir, absolutamente convencido, que de las mejores intervenciones que se han realizado en el Museo Provincial fue aquella en la que Miguelo, con sus acciones, dialogaba con las obras que permanecen eternas en las salas del Museo. Por eso, su obra tenía que suscribir su preclaro mensaje de suprema manifestación artística en los espacios de un moderno Centro de Arte Contemporáneo.

El vestíbulo de lo que fue antigua instalación cuartelaria se llena con veintitantas columnas que ocupan de arriba abajo y de abajo arriba el espacio con su particularísimo mensaje destinado a la reflexión. En cada una de estas columnas aparece la frase de un artista, de un pensador, de un filósofo en torno al arte y a la creación.

Pero no se trata sólo únicamente de un catálogo de frases, más o menos afortunadas ni con mayor o menor intención significativa. Eso sería lo más fácil y de poca enjundia creativa. Hay más, mucho más. Las obras, que podían haberse colocado en cualquier otro sitio, se han dispuesto en el hall de entrada al ECCO, ese espacio que acoge, que provoca la expectación por lo que se va a ver y que, más tarde, despedirá al visitante con su carga de bella contaminación artística. Ahí es donde Miguelo pretende provocar al espectador su motivación, su reflexión. Las frases distribuidas desde el suelo hacia el techo y desde éste hacia abajo acompañan al visitante y le mueven a una reflexión sobre la realidad del arte; provocan que la mirada no sólo sea una fría visión, quizás, de algo incomprensible -uno de los males que se le achacan al arte contemporáneo-, sino que promueve ciertas claves para un acercamiento a esa realidad artística de la que muchas veces se huye por no haberse establecido clara y fácilmente sus argumentaciones.

El pensamiento del arte 3 es la nueva aportación de Miguel Ángel Valencia a un plástica contemporánea para que ésta llegue hasta todos los sectores abiertamente y, además, lo haga sin distorsión alguna. Su siempre motivación didáctica se nos aparece, de nuevo, para que todos puedan disponer de una apoyatura con la que poder navegar con soltura en las complejas aguas de la plástica más nueva.

Estas sí son gestiones culturales para que la cultura en general y el arte en particular lleguen a todos los estamentos ciudadanos para un provecho común. Lo demás, sólo consideraciones poco claras y menos justas a la búsqueda de algo con muchas dudas.

MIGUEL ÁNGEL VALENCIA

ECCO Cádiz

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