El ruido sin furia

Es curiosa la deriva que está tomando el grupo catalán La Fura dels Baus. Cada vez el audiovisual está tomando más protagonismo en sus espectáculos, pero no de una forma dialogante entre el mundo de la imagen catódica y el escénico, sino como una muestra de impotencia de este último. Las proyecciones no complementan, sino que son una muestra de que la ambición de las últimas obras de la compañía le impiden contar todo lo que quieren únicamente con los recursos del teatro.

Así acontece con Boris Godunov, inspirada en la toma de un teatro moscovita por parte de terroristas chechenos hace seis años. Como se sabe, el asunto se resolvió con la intervención de las tropas rusas provocando una masacre indiscriminada entre secuestradores y secuestrados, dejando una incómoda sensación a los habitantes de la aldea global. ¿Quiénes son temibles, los terroristas o los gobiernos que tienen que mostrar lo bien puestos que los tienen frente a los chantajes? Reflexiones sociológicas aparte, la Fura da uno de sus golpes de efecto en su nuevo espectáculo.

Empieza como una representación del Boris Godunov de Pushkin y a los diez minutos irrumpen los terroristas tomando el teatro. Así los espectadores nos sentimos rehenes como aquellos infortunados moscovitas de 2002. Luego, asistimos a la crisis que termina en el contraataque gubernamental. Y aquí enlazamos con lo que decíamos al principio: para poder mostrar todos los aspectos del asunto, hay que recurrir a la imagen audiovisual. En escena, entre el público, con cámaras que filman los pasillos y los bastidores de un Falla convertido en campo de batalla, enfocando a algunos rehenes en las butacas. Hasta se nos ofrece una filmación de un gabinete de crisis donde se toman las decisiones. Uno se pregunta si no hubiese sido mejor hacer una película directamente.

Un apabullante despliegue técnico, habitual en la Fura. Pero tanta tecnocracia no vale si falla lo fundamental, como es tener un buen texto. Y aquí el grupo, como viene siendo también la norma, fracasa. El juego de habernos hecho rehenes sólo dura varios minutos, hasta que se vuelve a tomar conciencia de que es una obra de teatro, con lo que el golpe de efecto se queda en eso precisamente. Y lo que vemos a continuación no sobrepasa el nivel de las varias malas películas recientes que Hollywood tiene sobre el tema. Una sucesión de topicazos detrás de otro: terrorista pragmático frente al fanático con un punto psicótico, discusiones entre una intelectual y uno de los secuestradores sobre si se sirve mejor a las causas pegando tiros o dando conferencias, la terrorista que ve mal lo que se está haciendo, la que está por venganza, los rehenes que quieren y no quieren escapar, etc. Uno casi espera verse por allí a Bruce Willis en una entrega gaditana de La jungla de cristal.

Está bien que el teatro busque nuevos caminos y se apoye en las tecnologías, pero si como le pasa a La Fura dels Baus se olvida lo fundamental, como es una buena dramaturgia no sirve de nada. Como esos filmes que copian en Boris Godunov, hay que invertir menos en técnicos y mas en los guionistas.

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