"El rock ha perdido influencia social"

  • El granadino José Ignacio Lapido, quien fuera compositor y guitarrista de 091, publica su nuevo disco en solitario, titulado 'Cartografía', y avanza en su carrera de guitarras y escritura automática

Desmarcado del acartonado mundillo musical hispano, pero captando fieles a cada paso que da, el granadino José Ignacio Lapido, quien fuera compositor y guitarrista de 091, edita su nuevo disco en solitario, Cartografía, emprende una gira que de momento no pasará por la provincia y se sincera en un coloquio sobre literatura y rock. A juicio del músico, que participó en la Feria del Libro de Jerez, "el rock ha perdido influencia social, ya no sirve de catalizador para los cambios sociales y las revoluciones personales, pero se sigue reinventando, sigue vivo".

Lapido continúa en el camino trazado por el escritor Jack Kerouac, cuyo hipnotismo invocó para ilustrar la primera generación rockera de la literatura, la generación beat, que causó conmoción entre los nuevos escritores de canciones de los años sesenta pero se nutrió de jazz como banda sonora. El cantante granadino, que predica con el ejemplo al indicar que "hay que conocer a los clásicos como base de la función artística", recordó que el rock nació de una onomatopeya, un grito de guerra y libertad, un grito primario en principio carente de vocación literaria hasta que llegó Bob Dylan, la piedra angular de la liberación del rock de su cuerpo original, el juglar aportó dos dedos de frente al sincopado ritmo rebelde. A partir de entonces, surgieron poetas del rock, como Jim Morrison o Leonard Cohen, que fueron escritores antes que músicos, y se produjo la ruptura social, brotaron las letras como eslóganes, los riffs de guitarras como poemas vehementes y los conciertos como vehículos de expresión. "Hoy ya no, hoy el rock sufre la manipulación de la industria y de los medios, envuelto en celofán, sin las aristas que tuvo en las décadas de los 60 y 70. Yo voy por mi cuenta".

Tras fijar su atención en John Lennon, James Brown, la voz de la calle del punk, y mostrar su amplia cultura musical, Lapido se confesó ante la audiencia, acompañado por el crítico musical Luis Clemente y el cantante de Alameda, Pepe Roca. Lapido reveló que se considera un autor que ejerce de "domador de fieras", las fieras son las palabras atrapadas al vuelo de la inspiración inmediata. "El subconsciente actúa como motor de la escritura automática que me gusta ejercitar, el viejo sistema dadaísta que empleo sin pretenderlo. Me pongo a escribir, sale lo que sale, al final ordeno un poco el caos y sólo al final interpreto el conjunto de la canción, frases hiladas que encuentran su razón". Algo así, salvando las distancias, como actuaban los poetas simbolistas franceses a los que adoró el señor Dylan en varias etapas de su carrera musical. Es curioso, Lapido nombró al dios Dylan tres meses antes de que el trovador americano cante en Jerez. Lapido tuvo palabras para herederos dylanitas como Patti Smith, Tom Verlaine, los Clash, y combinó pasado y presente en la coctelera de la confusión actual. Roca se arrancó a la postre con una hermosa versión de un poema de Juan Ramón Jiménez y Clemente desgranó los vaivenes de la literatura rock, incluyendo la casi inexistente prensa musical hispana.

Alejado de la moda juvenil, hastiado de que sigan considerando el rock como un género juvenil de usar y tirar, Lapido se mostró muy crítico con el mercado actual, que "aborda las obras musicales como meros productos, sin atender la actitud creativa de autores y la acción y reacción del oyente", pero dejó claro que "hoy mismo hay nuevos talentos por descubrir, como siempre, pero la industria prefiere optar por lo más fácil, vender su catálogo sin apenas riesgo".

Para entender mejor la filosofía vital y creativa de Lapido, que en otro tiempo y en otro lugar sería una figura indiscutible de la música en español, conviene escuchar la pieza No digas que no te avisé. A saber: "Querrán venderte falsos mapas de caminos al Edén, recetas de esperanza caducadas. Te dejarán que grites para que pierdas la voz, que pidas imposibles y que recojas las migajas. Te harán creer que así es la vida. Que firmes de por vida un contrato que te obligue a obedecer. Con calles sin salida te dejarán soñar, y con un par de aspirinas curarán tu desencanto".

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