"Mi relación con el flamenco es monacal, sin domingos ni festivos"

Manolo Sanlúcar divide su tiempo entre su localidad natal y El Pedroso, donde tiene una finca. Pero tanto en el Bajo Guadalquivir como en la Sierra Norte sevillana, el autor de Locura de brisa y trino se mantiene fiel a esa "existencia monacal", como él mismo la define, desde la que medita a menudo sobre la vida y el arte. Unas reflexiones que ha vertido en su primer libro: El alma compartida (editorial Almuzara).

-Uno de los referentes de esta obra es su padre, Isidro Muñoz.

-Mi padre es un ser humano impresionante. Es una persona con un sentido ejemplar del arte, de la ética y de lo que es nuestra tierra, Andalucía. Quiero creer que su manera de estar en la vida ha configurado absolutamente la mía.

-¿En qué momento surge su vocación literaria?

-A la edad de diez años tengo ya relación con la música, la pintura y la literatura. Me pasaba el día pintando, tocando la guitarra, escribiendo poesía. A medida que fui creciendo como guitarrista y haciéndome mejor músico, relacionarme con las tres disciplinas se hizo más difícil y tuve que renunciar a pintar. Los poemas y reflexiones nunca los rompí del todo y en estos años seguí escribiendo cositas, sobre todo muchos prólogos de libros, como el que elaboré por expreso deseo de Antonio Gala para una edición especial de El manuscrito carmesí.

-¿Cuál es la génesis de esta obra y en qué género la encuadra?

-Mi único hijo murió y se llevó con él cuanto yo era. Me sentí más perdido que nunca, y eso que jamás estuve encontrado, la verdad. Tenía un desinterés tremendo por la vida. Mi médico y amigo personal me animó a escribir para sacar cuanto tenía dentro y ver las cosas más claras. Muchas de las reflexiones que recoge el libro son fruto de ese tremendo dolor pero también hay recuerdos muy felices, sobre todo de mi experiencia y cultura familiar: dos mundos tremendos (los Halcón y los Muñoz) que confluyen en mí y quedan ensamblados aquí gracias a mi pasión literaria. El problema fue decidir cuál debía ser la recepción de este proyecto. Al analizar los textos, tanto Juan Manuel Suárez Japón (rector de la Universidad Internacional de Andalucía) como Manuel Pimentel (director del sello Almuzara) encontraron que colisionaban con el espacio que ocupa mi figura artística como Manolo Sanlúcar y que era un proyecto muy especial. Al principio se iba a presentar como un ensayo pero finalmente se le dio forma de libro de recuerdos, recuerdos a los que recurro para expresar mi visión de las cosas de la vida.

-Su experiencia artística ocupa un papel esencial en su memoria.

-Llevo más de cincuenta años de profesión. Comencé a los trece años acompañando a los más grandes artistas: Pepe Marchena, Pepe Pinto, La Niña de los Peines, Canalejas de Puerto Real, La Paquera de Jerez... Desde que entré en el flamenco, debido al respeto y afición tan grande que le tenía mi padre, nada me fue indiferente, todo lo fui asumiendo hasta conformar mi relación monacal con él. Domingos y festivos no tienen ningún sentido para mí. Estudio y toco la guitarra a diario, es un sentir tan tremendo que me lleva a olvidarme de la vida. Sólo he disfrutado dos períodos de vacaciones y con el mismo destino: el norte de España. La segunda vez hice el recorrido con mi hijo, cuando sabíamos que teníamos que despedirnos.

-¿Qué textos y autores prefiere?

-Me gusta leer filosofía y poesía. Aprecio la belleza en la literatura. Nuestro mundo es de una mediocridad desoladora y la mirada del arte, del escritor, puede elevarnos a otros espacios superiores.

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