El regreso del pasado fragmentado, según los hermanos MP&MP Rosado

  • El Museo de Cádiz acoge esta muestra colmada de guiños al pasado, presente y futuro, que trata la desaparición de los orígenes y su vuelta a modo de fetiche

La concepción espacial del Museo de Cádiz se antoja perfecta para la exhibición de las últimas creaciones de los hermanos MP&MP Rosado. El espacio geométrico y cerrado de esta pinacoteca es, por tanto, la primera baza sobre la que se ha puesto en pie Quien mueve las brasas aspira a todo pulmón, una muestra evocadora y repleta de guiños al pasado, presente y futuro, que ayer fue inaugurada de la mano de sus autores, Miguel Pablo Rosado y Manuel Pedro Rosado, la delegada provincial de Cultura, Yolanda Peinado, el director de Acción Cultural de Cajasol, Antonio Cáceres, y el comisario de la exposición, Francisco del Río.

Una exposición que parte de un poema de Roberto Bolaños llamado Ni crudo ni cocido, en la que "tratamos de excavar en lo más profundo para ver qué hay debajo, como bien indica el título. Aunque descubrirlo sea duro", apunta Manuel Pedro Rosado.

Entre sus descubrimientos se encuentra el regreso o la recuperación del pasado, sólo posible a través "un paisaje discontinuo y fragmentado elaborado con ideas, imágenes o cosas que alguna vez estuvieron conectadas", apunta el comisario e ideólogo de la exposición, Francisco del Río.

Para ello los hermanos Rosado ponen en escena una exhibición de fragmentos, restos abatidos, suspendidos, manipulados o restos arqueológicos. Todos ellos conectados mediante raíces, filigranas, tuberías, redes o las líneas e hilos argumentales como las que aparecen en sus dibujos. "Se trata de vincular desde la idea de la desaparición, es decir, edificar donde empieza la desmemoria", asevera el comisario de la muestra.

Los artistas gaditanos han querido mostrar esta idea de la vuelta inevitable del pasado en pedazos, o la arqueología "personal del futuro", en varios apartados. Uno de ellos hace alusión a la melancolía. Se trata de la serie de dibujos Apologías de los melancólicos que aquí se exhiben, inspirados en un poema de Juan Antonio González Iglesias, "que trata el por qué no se puede ser melancólico", apunta Miguel Pablo Rosado. Bajo esta serie se despliegan esplendorosos en toda la planta el resto de obras, a modo de instalaciones. Entre ellas, las denominadas Ruinas menores, que son elementos fragmentados de sal repartidos sobre varias mesas. "Son obras que hacen alusión a las salinas de la Bahía gaditana, una idea basada en el trabajo de Robert Smithson sobre el Land art -tendencia del arte contemporáneo que utiliza como marco los materiales de la naturaleza- acerca de los lagos salados de Estados Unidos". En este sentido, han hecho una similitud con las salinas gaditanas "que son artificiales, por eso llamamos a estas piezas non salt". Para ello también se han inspirado en los virelots o pequeños barcos de sal.

Otro de los apartados titulado "ruinas antirrománticas", divididas en caños de pvc o desaguaderos hechos en terracota, hacen referencia "a la memoria, pero también, con perdón, a toda la mierda que por ellos discurre", apunta Miguel Pablo.

Es decir, todo un mostrador de elementos evocadores que hablan de "cómo los objetos están ligados a la desaparición de los orígenes, para regresar como fragmentos y fetiches", explica del Río.

En términos más abstractos habla Antonio Cáceres, de Cajasol, que tras hablar del sugerente título, reflexiona sobre los "no lugares del arte contemporáneo". También profundizó en el "alma" de una muestra con referencias culturales "implícitas en los propios materiales con los que están hechos las obras".

Por su parte, Yolanda Peinado agradeció la colaboración de Cajasol "desde hace veinte años", antes de referirse a la bonanza que viven los hermanos Rosado, en un año en el que se han erigido como autores de los carteles del Día de la Provincia de Cádiz y de la 41 edición de la Muestra Cinematográfica de Alcances.

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