La pujante vitalidad del cajón flamenco

  • A pesar de sus detractores, el uso del instrumento se ha consolidado en el flamenco e incluso rebasa sus límites

Ya no cabe duda. El cajón se ha instalado en el flamenco de tal manera que los más recalcitrantes, que tanto lo atacaron y siguen atacando, bien pueden dar la batalla por perdida. Y no es sólo que se haya vuelto imprescindible en los espectáculos de baile, que forme parte de la percusión en los conciertos de guitarra o que, en muchos recitales de cante, comparta espacio con las palmas. Es que, también, el flamenco lo ha exportado a otras disciplinas y se le escucha como parte del repertorio percusivo en multitud de expresiones musicales, desde cualquier música mestiza al jazz, sobre todo si es patrio. O si no, fíjense cuando acudan a un concierto, como es cada vez más habitual, en que la tradicional banqueta de la batería se ve sustituida por un cajón al que el músico recurre como uno más de sus recursos sonoros.

La expansión del instrumento es tal, que ya es presentado en los escenarios nacionales con su apellido flamenco, y en los internacionales como "spanish cajón". Una apropiación que viene derivada de su uso masivo, pero que es a todas luces injusta en cuanto a su origen. La inexactitud en la denominación provoca, por ejemplo, que artistas como la cantante tradicional peruana Susana Baca, que lo incluye en su orquestación, haya hecho habitual en sus actuaciones una permanente reivindicación nacionalista del susodicho instrumento. Y con toda la razón, porque -como casi nadie ignora a estas alturas- el cajón es originario de Perú, de donde fue traído a España, a mediados de los setenta del pasado siglo, por el percusionista Rubem Dantas, enrolado por entonces en el septeto de Paco de Lucía. Aunque también es cierto que, desde entonces hasta ahora, su consideración en el país de origen ha cambiado mucho. Si años atrás no era considerado de vital importancia, actualmente ha sido reconocido como Patrimonio Cultural de la Nación, como parte, sin duda de la defensa del mismo y de su origen.

Pero volviendo al hecho de la importación del cajón por el flamenco recurrimos al biógrafo del guitarrista de Algeciras, Juan José Téllez, que narra los hechos de forma bien clara en su libro Paco de Lucía en vivo (Plaza Abierta 2003). Aclara así que fue Dantas el que, durante una gira por el país andino, sugirió al maestro la adquisición de ese instrumento, porque podría venirles muy bien para aquellas ocasiones en las que no contaban con los pies de El Grilo o Manolo Soler, habituales bailaores en la formación. Cuenta también Téllez que fue Paco el que le adelantó a Rubem el equivalente a unos mil duros de entonces y la subsiguiente porfía sobre si se los devolvió o no. El caso es que el cajón peruano llega a Madrid y, de inmediato, es objeto de apropiación apasionada por la legión flamenca de la capital. Uno de los relatos que resultan verosímiles de ese momento lo hemos encontrado en la voz de uno de los principales constructores de cajones, el artesano Mario Cortés, y se encuentra en el DVD que motiva estas líneas. Se trata del método de cajón flamenco que ha editado el percusionista madrileño Juan Heredia bajo el nombre El cajón vuela (El Caimán, 2009), un título que es bien descriptivo de la trayectoria del instrumento y que se reseña en el texto adjunto. Antes de ello, una confesión dirigida a los detractores del instrumento: el que esto escribe detesta su uso e inclusión tanto o más que ellos… ¡cuando está mal tocado! Pero si las manos son finas y el compás bueno, su acompañamiento puede resultar hasta exquisito. En Cádiz, en Jerez, en Sanlúcar y en Sevilla hay ya buena escuela y buenos instrumentistas. También en Madrid, y hasta hay uno que es asturiano que da gusto oírle tocar. Pero no citaremos nombres para evitar olvidos.

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