"He puesto en esta novela todo lo que he aprendido durante 20 años"

  • La escritora ovetense acaba de publicar 'Aunque seamos malditas', su quinta novela y la segunda obra de una tetralogía sobre los cuatro elementos

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Eugenia Rico desprende un tipo de dulce energía en peligro de extinción. Habla, deprisa y mucho y, sin embargo, no agota ni se agota. Vigorosa, la escritora pone en su discurso una pasión adictiva para el que la escucha. Como una fina muselina, el desgarro sentimental envuelve la conversación al igual que lo hace con su último libro Aunque seamos malditas (Suma de Letras).

-El fuego y el miedo recorren la obra.

-Y, además están relacionados. El miedo es un miedo próximo al deseo, al fuego. Es la otra cara del deseo. Nos dijeron que el mundo está creado por las fuerzas de Eros y Tanathos, amor y muerte, pero yo añadiría otra fuerza, la del miedo. Hay un continuo baile en nuestras vidas, lo que nos hace reaccionar, tomar decisiones o no tomarlas no es la muerte, es el miedo a la muerte, el miedo al amor, al deseo.

-Aunque seamos malditas propone un amalgama de géneros. ¿Cómo lo etiqueta usted?

-Es un libro mestizo que se sostiene con una investigación de novela histórica, una trama policial, con algo de mito, de viaje filosófico y de narración clásica. Esta es mi quinta novela y la segunda de una tetralogía dedicada a los elementos, pero no sólo a los elementos sino a las fuerzas telúricas, a las pasiones que se esconden detrás de las acciones. En este libro he ido volcando todo lo que he aprendido sobre la novela en estos años, por eso ha salido una obra mestiza que no funciona sin la complicidad del lector que tiene que ser quien la acabe.

-¿Hace falta un revulsivo al género?

-Tesis: somos herederos de la gran novela del siglo XIX. Antítesis: Tenemos la literatura de vanguardia, la novela experimental que, sí, es muy interesante pero, la verdad, no termina de resultar con el lector. Síntesis: Tenemos que dejar de hacer malas copias de la novela del XIX y empezar a buscar nuestro propio camino.

-Un camino pedregoso.

-De eso se trata. De correr riesgos. De poner toda la carne en el asador. "Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca", ¿recuerdas? He puesto aquí todo lo que he ido aprendiendo durante los más de veinte años que llevo escribiendo. Es un juego sobre el doble, las brujas, pero sobre todo es una apuesta formal del lenguaje, un lenguaje que cause placer y disfrute porque el arma que tiene el escritor para despertar sensaciones es el lenguaje. El escritor se debe al idioma, a hacerlo arte.

-Aunque seamos malditas toma a las brujas como símbolo, es una historia de persecuciones. ¿Cuál es el germen?

-No sé... Pensaba mucho en el concepto de bruja. A veces las mujeres lo utilizamos para expresar un tipo de superioridad o de ser especial "yo es que soy un poco bruja", pero también puede ser un insulto que decimos sobre otra mujer, "es una bruja". Los hombres igual, lo utilizan para alabarnos o para ofendernos. En inglés la palabra witch, bruja, tiene la misma raíz que wise, de sabiduría, una bruja sería algo así como una mujer sabia. Y de ahí parte a teorizar mi libro, de ese holocausto sobre las mujeres que se produjo en el Renacimiento. De hecho , no sé si lo sabes, pero la última bruja se quemó en Cádiz, según escribe Blanco White, una pobre ciega en los comienzos del XIX, poco antes de la proclamación de la Constitución que, por cierto, vino a acabar con esa injusta persecución.

-Sabiduría es poder.

-Estas mujeres conocían las hierbas, los remedios de la naturaleza. La mujer se dedicaba a curar las heridas al marido que venía de la guerra, a cuidar enfermos, a traer niños al mundo... Lo que ocurre es que en el Renacimiento tiene lugar la principal persecución porque se crean las universidades, que estaban prohibidas a las mujeres, y así los hombres se arrogaron el poder de la medicina. Los hombres empiezan a darse cuenta del verdadero poder económico de la medicina. El personaje de Selene del libro está inspirado en un sanadora real, que llegó a ser la más rica de su comarca. Entonces todos los médicos de la provincia se unieron para calumniarla porque les estaba quitando el negocio. En aquel entonces una mujer solo podía ser puta, casada, soltera o monja. Estas mujeres demostraron que se podía ser algo más. Podría seguir hablando sobre las brujas porque he investigado mucho y me fascina el tema. Pero bueno, te digo esto porque en el libro es un símbolo de todas aquellas personas que sufren algún tipo de persecución en su vida. Hay más personajes en la obra que, por uno u otro motivo, han sufrido persecución. Son distintos, complicados. Personajes que quieren ser felices pero que no pueden conseguir esa felicidad por cauces habituales.

-Todo esto parece muy serio pero la ironía recorre todas estas páginas dándoles mucha vida.

-Sólo en Galicia y, ahora, en Cádiz me han dicho algo así sobre el libro. El humor en España tiene mala fama, pero para mí ese humor fino es fundamental. La ironía me parece fundamental en la literatura. Ya que no podemos vencer a la muerte por lo menos vamos a reírnos de ella. Bueno, es una forma de vencerla y seguro que le jode.

-Hablando de sabiduría, sus personajes hablan con un tipo de sabiduría ancestral.

-Eso es lo que he intentado, que sean personajes sostenidos por fuerzas telúricas, personajes de la tierra, con la sabiduría en los genes, que sean capaces de desvelarnos una clase de verdad oculta.

-¿Contenta, entonces?

-Normalmente suelo quedar insatisfecha con lo que escribo, creo que es una condición del escritor, pero esta vez sí estoy muy contenta porque creo que he sido capaz de decir lo que me proponía, conseguir esa mezcla de lo culto y lo popular, de hacer un homenaje a mis autores, Chéjov, Poe, Wallace que murió hace poco en un accidente laboral.

-¿No fue un suicidio?

-Sí, un accidente laboral porque los escritores trabajamos con el inconsciente, con las sensaciones para producir una catarsis para el lector que una vez termina el libro se siente liberado pero el autor se queda echo polvo (...) Oye, estoy pensando en lo que me decías del humor, en el personaje de Consuelo, por ejemplo, yo me río descaradamente de ella... Hay cosas que no se pueden tomar tan en serio o, mejor dicho, para tomárselas en serio hay que echarle humor. Me encanta tu tierra por eso.

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