"No puedo cantar algo que no siento"

A pesar de que cada año se juraba a sí misma que dejaría los estudios del conservatorio, logró acabar el Grado Medio de Guitarra en Linares. Y lo cierto es que este instrumento se ha convertido en una prolongación más de sus manos. Bien sea sola en el escenario o acompañada por sus músicos -Alfonso, Pablo y Javi-. Esta cantautora arriba hoy al auditorio Álvarez Quintero en Sevilla.

-¿Cómo entró en contacto con la música?

-Tengo una familia muy musical. Una de mis dos abuelas toca el piano y la otra canta copla. Mis padres organizan un festival de cuentacuentos y siempre me han motivado a que me exprese libremente. Mi padre es maestro de música y ha perseguido un poco más que yo tocase algún instrumento.

-Su primera canción la compuso a los 14 años, 'Una palabra'. Desde entonces, habrá escrito más de mil palabras, ¿no?

-Palabras mil y canciones... Uf (risas) Digamos que tuve una primera etapa como compositora algo infantil. A los 18 paré y me decanté por la música jazz, dentro del grupo Jazzean2. A los 21 volví a escribir temas y... Hasta ahora. Tengo algunas en el cajón, demasiadas, pero cada una las he grabado y cantado en directo. Primero, se las enseño a mi padre. Me aporta tal seguridad que no me da miedo de compartirlas luego con la gente.

-Joaquín Sabina o Javier Ruibal han alabado su estilo. ¿Cómo se siente?

-De Ruibal, recuerdo que leí en una entrevista que le gustaba lo que hacía yo… No sabía qué hacer, si llamarle y darle las gracias, poner su nombre en una calle de mi pueblo... (risas). Que te reconozcan tu trabajo siempre es emocionante, sea Sabina o un espectador cualquiera.

-¿Qué diferencia a Zahara de todo lo demás?

-Dicen que me emociono mucho sobre el escenario, entro en la canción y dejo que vuelva la sensación que tuve cuando la compuse. No puedo estar cantando algo que no esté sintiendo. Dejo que me absorba para bien o para mal. Hay canciones que hacen mucho daño y, a veces, las quito del repertorio, si ya no las siento igual.

-Frente al micrófono da una impresión agradable. ¿Refleja su forma de ser en sus canciones?

-Son un reflejo bastante fiel de cómo siento la música. Me siento una persona feliz, no por ingenua, sino precisamente por ser consciente de lo que estoy viviendo. La música completa mi vida. Hace que esté en una continua regresión a la infancia. Y si mi agradecimiento saca a la niña con sus globos de colores y piruletas de corazón que llevo dentro, no seré yo quien la reprima.

-¿Compone sobre sus propias vivencias o "siempre le han pasado a una amiga"?

-(Risas) Muchas veces cuando escucho temas y luego descubro de qué van, me decepciono… Así que prefiero que las mías también se queden ahí en el aire. Prefiero que los oyentes la asocien de alguna manera con algo que les ha pasado a ellos. Aunque si que algunas historias las he escrito literalmente como ocurrieron.

-¿Qué otras cosas le preocupan a Zahara?

-Me preocupa mucho la igualdad de derechos para todos, me da pánico que gane cierta fuerza política, que siga habiendo malos tratos, la gente sumamente hipócrita… Y algunas otras cosillas como qué me voy a poner para salir, que no haya agua caliente en invierno, no tener leche ni Colacao para desayunar… (risas).

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