Rojo y negro

"Con 'La prosa del mundo' he querido reflejar todo el ruido de la vida"

  • El último libro del autor madrileño se ha alzado con el II Premio Viaje al Parnaso. De Villena conjura aquí "el valle de lágrimas" en el que algunos se empeñan en vivir para acceder al "jardín de Epicuro"

Luis Antonio de Villena acometió la escritura de su último libro, La prosa del mundo (Visor, 2008), con "un afán" de cambio, con la necesidad imperiosa de salir del "corsé" que le había impuesto el libro que había escrito antes: un poemario integrado por sonetos que publicó bajo el título de Desequilibrios. No obstante, ahora reconoce que, sin ser consciente totalmente de ello, se estaba adentrando en los secretos de un género literario, el poema en prosa, que ya antes había practicado, pero que ahora le ha servido para expresar a la perfección el momento personal y literario en el que se encuentra.

Con La prosa del mundo ha ganado el II Premio Viaje al Parnaso y con él ha querido "reflejar el ruido de la vida, la consonancia y la disonancia del mundo, lo que tiene de bello y lo que tiene de horrible". Un proceso que, según admite el propio Villena, ha trascendido la mera escritura del libro, ya que después de entregarlo a imprenta se dio cuenta de que "aún no estaba cerrado, que faltaban muchos otros poemas, más de veinte, que he ido escribiendo después" y que piensa incluir en una segunda edición de este poemario, que ya está preparando.

Como el mismo poeta señala, en La prosa del mundo encontramos muchos de los temas recurrentes de su mundo poético personal: la pasión por la belleza juvenil, el desengaño, la desilusión ante un mundo que no le gusta, "un mundo mal gobernado, maltratado y atrasado"... Ahora, sin embargo, la voz propia del poeta "se mezcla con otras voces": las de los personajes conocidos o inventados que comparecen en estos poemas en prosa para intentar explicarnos un mundo hostil en el que, sin embargo, aún queda resquicio para la esperanza. Una esperanza, que como Luis Antonio de Villena explica, aparece fundamentalmente, con un guiño irónico, en algunos poemas de corte futurista en los que "un extraterrestre mira a la Tierra desde fuera". No obstante, y a pesar de su natural tendencia a la melancolía, en muchas otras composiciones el escritor conjura "el valle de lágrimas" en el que algunos se empeñan en vivir para acceder al "jardín de Epicuro", a esa otra realidad menos desoladora.

El título del libro corresponde a la expresión con la que Hegel se refería a la vida, "la prosa del mundo", una prosa que Luis Antonio de Villena ha sabido llenar de talento y de verdad íntima en unas composiciones, que como bien explica, son "densas y profundas". En ellas ha trabajado hasta dotarlas "del ritmo y la sonoridad de la poesía". En estos poemas en prosa ha querido también denunciar "la prepotencia de los que se escudan en la palabra democracia, de los que no creen en la libertad o del catolicismo, tan dañino" a través de personajes que comparecen para contarnos una serie de historias particulares que, de la mano del poeta, se tornan en historias de todos. Historias que comparten, según Villena, el haber sido, "de algún modo para mí, un enigma".

En los poemas de La prosa del mundo aparecen algunos nombres propios que "hay gente que ha confundido con personajes reales que no lo son", explica. En otros, hablan personajes históricos que nos cuentan un retazo de su vida bajo la atenta y particular mirada del poeta.

Algunas de estas historias reflejan la propia vida del escritor madrileño, algunas son oídas de su infancia, otras simplemente inventadas, pero en todas ellas pervive la mirada perpleja de un autor que, a través de su novelas, sus poemas o sus artículos, no deja de intentar darle sentido a la vida.

Luis Antonio de Villena explica que, pese a estar publicado y premiado, la aventura iniciada con este libro todavía no ha concluido, aunque admite "que espera que acabe ya pronto".

Mientras tanto, prepara una novela en la que quiere reflejar la vida nocturna del Madrid de los 70, una novela que, al contrario de su Madrid ha muerto, no va a hablar de la tan traída y llevada "movida madrileña", sino de los años previos y de esos "personajes anónimos" que tan bien conoce el escritor.

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