Nuestro poeta enamorado

Drama histórico, España-Brasil, 2010, 105 min. Dirección: Andrucha Waddington. Guión: Jordi Gasull, Ignacio del Moral. Fotografía: Ricardo Della Rosa. Intérpretes: Alberto Ammann, Leonor Watling, Pilar López de Ayala, Juan Diego, Luis Tosar, Antonio de la Torre. Cines: Ábaco, Al-Ándalus Bormujos, Avenida, Cervantes, Cineápolis, Cineápolis Montequinto, Plaza de Armas, Nervión Plaza, CineZona, Los Alcores, Metromar.

Como tantas otras superproducciones españolas recientes financiadas con dineros de la televisión, Lope existe para compensar el eterno complejo de inferioridad de nuestro cine a la hora de acometer con solvencia y buena imagen proyectos de corte histórico-épico como los que puedan rodarse en Hollywood o en otras cinematografías industrialmente potentes como la británica o la francesa.

Sin embargo, ahí donde una película como Alatriste, indudable modelo de referencia, se empapaba de ciertas esencias ibéricas a través de la literatura de folletín de Pérez Reverte y de una puesta en escena pictoricista y, por decirlo de alguna manera, reposada, esta Lope apunta hacia otros referentes mucho más internacionales, tanto en su estructura narrativa, deudora de la fórmula comercial de títulos como Shakespeare enamorado o Cyrano de Bergerac en su asimilación de la Historia y sus personajes a través de una cierta autoconsciencia e ironía de cara al entretenimiento, como en sus maneras naturalistas, que intentan espantar la vieja maldición del cartón piedra con una puesta en escena realista y un diseño de producción de texturas sucias a través del que, como apuntan sus creadores, pueda hasta olerse el Madrid de finales del siglo XVI.

Si en este segundo apartado Lope nos resulta una película creíble y conseguida, no en vano buena parte del presupuesto se habrá empleado en estos detalles, su desarrollo argumental, centrado en las aventuras profesionales, éticas y amorosas de un joven Lope de Vega recién llegado a Madrid tras su periplo en la guerra, se nos antoja un mal remedo de las dos cintas anteriormente citadas en su empeño de conducir al personaje a través de la conciencia de su futuro éxito y entre una trama de amor a dos bandas (Leonor Watling versus Pilar Pérez de Ayala, elijan ustedes) que, de paso, deje entrever los inevitables apuntes sobre las costumbres y el teatro de la época, los aires de renovación que vinieron de la mano del autor de Fuente Ovejuna, El perro del hortelano y La dama boba o, sin ir más lejos, el conflicto de clases entre un paria con mucho talento y más dignidad y una sociedad civil (el empresario teatral que interpreta Juan Diego, la nobleza, la justicia) que mantenía muy bien las distancias.

En esta coyuntura, y más allá de su previsible y, a la postre, desinflado recorrido, Lope fracasa casi siempre en su tono plúmbeo y monocorde, incapaz de jugar al gracejo y lo liviano ahí donde el propio personaje histórico, su obra y el ambiente de picaresca que lo rodea parecen pedirlo a gritos. De igual forma, Alberto Ammann parece demasiado empeñado en darle a su personaje esa trascendencia y ese porte poético más bien romántico que, en aquel momento, hubieran sido poco menos que dudosos, mientras que el resto del elenco, sin duda elegido con un piloto automático, apenas consigue escapar de la tipología de característicos asociados al género histórico.

Un final dubitativo y una banda sonora poco afortunada terminan de apuntalar las obviedades y la fatiga ante una película a la que cuesta trabajo verle el encanto que haga de ella ese taquillazo de la temporada al que sus productores aspiran.

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