El poder de OT

"Con Sandra OT en el papel de María Magdalena", reza la propaganda oficial de esta nueva versión de Jesucristo Superstar. Debe ser importante cuando se destaca. Nadie dice "Mick Rolling", "Paul Beatle" o "Bono U 2", pero sí es menester poner estas siglas que se han convertido en una marca de fábrica. Tal vez sea para diferenciar, pues los realities proliferan en las teles y es normal que se repitan los nombres. Habrá que distinguir a Sandra OT de Sandra GH o de Sandra F (de Fama). La caja tonta y recaudadora ya no pone nombres, sino siglas.

Y esta reflexión preliminar sobre realities y las cadenas que los alojan no es gratuita, aunque lo parezca. Pues es de suponer que en las calenturientas mentes que parieron un día Operación Triunfo (así sin siglas) estaba el deseo sincero de lanzar nuevos cantantes, o al menos, al arriba firmante le gustaría pensar que algo de bondad queda en los corazones de los que manejan los cátodos. Pero viendo esta versión uno cree que ha ocurrido lo contrario. La famosa academia no lanza cantantes (o productos, que diría el impar Risto) para empotrarse en espectáculos de calidad, sino que son éstos los que están descendiendo a los niveles de los éxitos televisivos. Pues independientemente de la presencia de la susodicha Sandra OT (nacida Criado), este Jesucristo Superstar parece una larga e interminable gala de Operación Triunfo. En su ramplona puesta en escena, en sus coreografías de baratillo y, sobre todo, en la asepsia cantora de los intérpretes, con una corrección sin alma. Y del mismo modo que en televisión el tiempo cuenta, aquí falla, con una alarmante falta de ritmo que en cualquier espectáculo es grave, pero que en un musical es directamente letal.

Otro problema es la nueva versión. En su afán por alejarse de la mítica de Camilo Sesto y Teddy Bautista, que se puede disfrutar en grabaciones, se han cambiado las letras llegando a lo abtruso a veces. Por ejemplo, en la canción inicial de Judas, donde tradicionalmente explicaba su decepción con la deriva mesiánica tomada por Jesús y justificaba su futura traición, ahora no aclara nada, con lo que la obra sufre temáticamente. Y es lástima todo esto, pues Jesucristo Superstar sigue manteniendo su fuerza, como demuestra la expectación creada entre el público gaditano. Sigue siendo un clásico incuestionable del musical, donde Lord Lloyd Weber halló una inspiración que perdió en futuras obras para clase media y donde el cuestionamiento de la labor de Cristo sigue siendo asombroso, en un mundo que no parece haberle entendido de verdad. Esta versión se salva a ratos por eso, por su fuerza innata, por algún personaje aislado como Pilatos y por algún momento de Gerónimo Rauch como Jesús, que parece sacudirse la modorra general en trozos de bravura. Pero a pesar de todo ya ven. En su momento Jesucristo Superstar fue un escándalo, pero ahora ha caído en manos de los triunfitos y de sus presupuestos estéticos. Que pena que no estuviera por allí Risto para lanzar su caballería dialéctica contra lo visto en escena.

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