La pintura en expansión de Alberto Reguera toma Rivadavia

  • El artista segoviano inaugura esta noche su muestra 'Acciones pictóricas'

Alberto Reguera (Segovia, 1961) es uno de los artistas a los que la Diputación de Cádiz sigue la pista desde que adquiriera una de sus obras en el certamen plástico Aduana. Vive y trabaja entre París y Madrid pero hace tres días aterrizó en la capital gaditana para pintar y adaptar distintas piezas de su primera individual en la sala Rivadavia, que lleva por título Acciones pictóricas y se inaugura esta noche a las nueve.

Artista de enorme formación clásica, premio de pintura de la Academia de Bellas Artes parisina y con obra en prestigiosas colecciones españolas, suizas, francesas, portuguesas y noruegas, Reguera es autor de una obra en la que convive la actitud más reposada con el dinamismo y violencia del expresionismo abstracto.

Estas dos tendencias confluyen en su muestra gaditana, para la que ha preparado una instalación ejecutada con la técnica de pintura de goteo (dripping) que hiciera famosa Jackson Pollock. El resto de la exposición lo componen catorce lienzos que absorben la influencia de artistas como Turner y Monet, así como de la pintura oriental.

El estilo de Alberto Reguera, contextualizó ayer en la presentación de la muestra la diputada de Cultura, Ana Mosquera, se caracteriza por "el desdén por las modas, el gusto por la abstracción, el empleo de pigmentos, la serenidad y sobriedad que provocan sus cuadros y la inspiración musical de muchas de sus piezas".

El título de la exposición, Acciones pictóricas, aclara que Reguera ha intervenido sobre todos los lienzos que cuelgan de la sala, creando una serie de finales, ángulos y perspectivas que sólo puede completar la mirada del espectador. El autor "se sale" literalmente del cuadro, convirtiéndolo en una pieza entre la instalación y la pintura conceptual. "Es una obra expansiva, intervenida en directo sobre la pared de la Fundación, de tal modo que parece que los cuadros no tienen fin", explica este artista.

Pigmentos puros como el azul Prusia y pinturas acrílicas son la base de unos lienzos a los que el autor superpone capas y raspados. Con esos contrastes materiales y cromáticos, Reguera consigue efectos oníricos, relajantes y plenos de belleza.

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