"El periodismo se convierte en el primer borrador de la historia"

  • Dentro del ciclo 'La prensa en la calle', Paul Preston habló de las claves de 'Idealistas bajo las balas' en la Diputación Provincial. En él, el historiador repasa el papel de los corresponsales en la Guerra Civil

Comenzó Paul Preston comentando que la elaboración de Idealistas bajo las balas la había hecho "a lágrima viva". Experto narrador, Preston dirigió con medida emoción la presentación del libro que recorre los hechos de los corresponsales extranjeros destinados en la Guerra Civil española: "Muchos de ellos -apunta el historiador- eran lo que el propio Fischer describió como colaboradores activos de la causa, esto es, periodistas y voluntarios que entraron a formar parte de las Brigadas Internacionales, convencidos de que luchaban a favor de la civilización".

Nombres como Hemingway, Dos Passos, George Orwell o W.H . Auden se encontraban entre los periodistas destacados, "y a todos ellos -prosiguió Preston-les conmovieron profundamente las condiciones de hacinamiento de Madrid, Barcelona y Valencia, y los bombardeos sistemáticos..."

"No sólo informaban sobre ello, sino que reflexionaban sobre las consecuencias del enfrentamiento, un presagio de lo que iba a ser la historia del mundo -apuntó Preston-. A esto se unía un profundo sentimiento de frustración e ira hacia sus propios gobiernos y su desentendimiento".

Lo interesante de estos "colaboradores activos" es que, a pesar de su compromiso ético, siguieron cumpliendo con su rol informativo: "Louis Fischer, por ejemplo -indicó el historiador-, que hacía análisis para un semanal, tiene unas crónicas prodigiosas. Afirmaba que la Guerra Civil española había despertado la identificación emocional. El bando republicano siempre fue el más débil, el perdedor; sus seguidores vivían en preocupación tensa y continua el hasta cuándo aguantaría".

Los periodistas y escritores destinados tuvieron que hacer frente a la censura en ambos bandos "y, aunque en el lado republicano era menos burda, lo cierto es que también encontraron dificultades. Los grupos de presión católicos en Estados Unidos, por ejemplo, eran muy fuertes. El lobby católico tenía un enorme poder en periódicos liberales como The New York Times".

Según Preston, los corresponsables contribuirían a la formación de una opinión pública dentro del mundo occidental: "Estaban indignados frente a la irresponsabilidad de las grandes democracias", afirma. Y su labor, para Paul Preston, demuestra que "el periodismo es el primer borrador de la historia".

Quizá un testimonio claro de la desolación que produjo la pérdida de la guerra en quienes la vivieron, nos lo da Josephine Herbst, que dejó España en 1937. Treinta años después, tras ir a ver Morir en Madrid, confiesa que terminó sentada en el vestíbulo, fumando.

"Y sentí -dice la escritora- algo similar a lo que sentí al llegar a Toulouse. Me encontré llorando, viendo a la gente y pensando que estaba en una pesadilla en la que el mundo real había desaparecido. Y allí, en el cine, me di cuenta de que mi vida, en el sentido más literal, había terminado en España. Y que, durante años y años, no hacía más que rememorar la imagen descolorida de lo que ocurrió".

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