Tras los pasos del héroe para el que no hubo cantos

  • El escritor Javier Reverte recorre El Puerto que vio los primeros años de Juan Modesto, general de la República y protagonista de 'El tiempo de los héroes'

En algún momento, Juan Guilloto León pasó a ser Juan Modesto. Un nombre de guerra que, tal vez, ni él mismo eligió y con el que fue apareciendo, de manera tangencial y admirada, en las crónicas que firmaban otros.

Dos nombres, dos vidas, dos familias. Pero la una apenas puede entenderse sin la otra. A Juan Modesto lo parió el Guilloto que perdió media oreja en una trifulca; él podía saber, mejor que nadie, que la guerra se parece mucho a una pelea callejera: "El que muestra su miedo siempre pierde", le hace decir Javier Reverte en El tiempo de los héroes (P&J), la novela que recrea parte de la biografía del que llegó a ser general de la República.

Es difícil disociar el carácter, los gestos, la formación de Juan Modesto, de su escenario. Y su escenario fue, como explicaba Javier Maldonado, director de Patrimonio del Ayuntamiento portuense, "una ciudad de principios del siglo XX con gran actividad de campo, agrícola y bodeguera, de salinas... que enseguida vio nacer agrupaciones de trabajadores, primero anarquistas, y después (y sobre todo), comunistas. Juan Guilloto entró a formar parte de estas últimas a través del médico David Ortega, fundador del Partido Comunista de El Puerto, fusilado en Cádiz durante los años cuarenta".

Juan Guilloto nació en el número dos de la calle Cruces. Aprendió a jugar y la gramática parda a la sombra de la plaza de toros; y las letras y las cuentas en el San Luis Gonzaga, donde coincidió apenas un par de años con Rafael Alberti: "La escuela se levantó con el patrocinio de las familias burguesas que querían dar educación jesuita a sus hijos -indica Javier Maldonado-. El colegio tenía régimen interno, donde estudiaban las familias más pudientes, y externo: de carácter gratuito y abierto a todo el mundo. Fue así como Guilloto, que aparece al comienzo de La arboleda perdida, compartió estudios con Rafael Alberti".

Guilloto fue arrumbador en las bodegas Grant, mancebo en la farmacia de José María Viqueira, botones, aserrador, metalúrgico. Por lo que sabemos de él, tenía conciencia profunda de la injusticia y la sensibilidad del que ha sido, muchas veces, perdedor. Aguanta, corazón. Ahí está el héroe. Seguimos sus pasos torpemente, por su casa natal, por la antigua botica, en Las Siete Esquinas, por la plaza Isaac Peral. "Desde los balcones del antiguo Ayuntamiento, se proclamó la II República -recuerda Maldonado-, en un acto en el que intervino Daniel Ortega. Juan Guilloto ya era dirigente sindical por esa época".

"El haber sido periodista muchos años me ha enseñado la importancia que tiene el ir a los sitios", comenta el escritor, al que acompaña en su paseo Antonio Hernández. El poeta arcense fue quien que le animó a investigar sobre la figura de Juan Modesto.

"Es increíble que una vida semejante no haya sido contada -afirma Javier Reverte-. Está claro que Juan Guilloto era un hombre de acción y que la política le gustaba poco. De los jefes de milicias, fue el único que obtuvo el grado de general y de los pocos que, decían, sabían realmente leer un mapa. El Campesino, por ejemplo, era un delincuente; Líster tenía fama de ser bastante cruel..."

"Con todo el desgarro que tuvo, nuestra Guerra Civil tuvo mucho de epopeya -prosigue el escritor-. Yo siempre quise escribir algo sobre esta época, porque siempre he sentido que había vivido la guerra, y al conocer la figura de Juan Modesto supe que ya tenía a mi personaje. La idea de hacer una biografía tal cual no se sostuvo mucho, porque no había muchos datos y porque quería hacer algo caliente, cosa que sólo te permite la ficción. Al fin y al cabo, ¿quién dice que es más cierta una cosa u otra? Si los historiadores nunca se ponen de acuerdo..."

Javier Reverte se explica recurriendo a Aristóteles, "el objetivo del poeta no es tanto contar las cosas que realmente han sucedido como narrar aquellas cosas que podrían haber sucedido", decía el griego. "La poesía crea la verosimilitud -actualiza Reverte-. Yo le he querido dar a la novela un lenguaje épico, de epopeya. Y retratar el campo de batalla: de la Guerra Civil se ha hablado mucho, pero no tanto del campo de batalla".

El tiempo de los héroes empieza, como La Odisea, en mitad de la historia -o más bien, como La Odisea, ya casi al final-, con el gobierno republicano a punto de partir al exilio en Elda y con el reencuentro entre Modesto y Alberti.

"He querido retomar en esta historia el espíritu de los héroes clásicos, ese 'Aguanta, corazón', de Odiseo antes de llegar a la costa feacia -continúa el novelista-. Los héroes clásicos tienen el gran drama de luchar contra su destino. Su historia está en la épica, por eso Modesto dice, cuando parten: A partir de aquí no somos nada".

Carente de afán de protagonismo y de sed política, "Juan Modesto tampoco hizo mucho por figurar siquiera en la versión de los vencidos -continúa Javier Reverte-. Tiene un libro de memorias de guerra, Soy del Quinto Regimiento, que dice muy poco de él, y un librito de sus memorias de juventud e infancia. Cada vez que alguien hablaba con nostalgia de algún sitio, les repetía: 'Es que no conocéis mi Puerto...' Su figura sí fue apareciendo, inevitablemente, al final, en las crónicas que escribían los antiguos combatientes, como Vicente Rojo, y en general hablan de él de forma admirativa".

Durante su exilio en Checoslovaquia, Juan Modesto fue una de las voces que influyeron en que el Partido Comunista Español apostara por el llamado "socialismo de rostro humano". En la Primavera de Praga, tiró de galones -Stalin lo había reconocido con el máximo rango, comandante de brigada del Ejército Rojo- para ordenar a los tanques que se retiraran.

"¿En serio creías, camarada general, que ibas a detenerlos?"

Ah, la importancia del gesto.

Y si no es verdad, se le acerca bastante.

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