Un paseo por las nubes y la tierra

El viaje es un medio de conocimiento, no sólo de nuevos entornos sino de nuestro propio interior. Desde antiguo, se ha tratado de reflejar y transmitir las experiencias de cualquier travesía real o imaginaria, mediante el papiro, el libro o la fotografía hasta llegar al documental y la inmediatez de Internet. A medio camino quedaron los traveloges o filmaciones de viajes, muy frecuentes en la primera mitad del siglo XX, que se han utilizado como material de base para el primero de estos mediometrajes.

Así, el creador Iván García nos muestra cinco paseos con la nostálgica estética del blanco y negro, cada uno con un hilo conductor diferente en torno a una ciudad particular, saltando de occidente a oriente y viceversa. En sus paseos, que también llegan a ser nuestros, se mezclan nostálgicas imágenes reales con cinematográficas, humor y terror, historia y cotidianeidad, consiguiendo un resultado de inquietante belleza. Y de este difícil arte del paseo, se pasa al del paseíllo, que también tiene su aquel, del segundo trabajo, presentado por Ignasi Rodríguez. Como una versión taurina de Lituma, se trata de un documental de corte clásico muy bien realizado que mantiene dos líneas contrapuestas pero complementarias. Por un lado, la historia personal de una vocación; por otro, la descripción con carácter casi antropológico del ámbito geográfico donde puede llevarse a cabo. Las vicisitudes del diestro, auténtico profeta de estilo pasional y vehemente en tierra extraña, que se deja la vida en pequeñas plazas, perdidas y chocantes en la inmensidad de la cordillera de los Andes, nos hace recordar aquella frase de nuestros abuelos sobré las cornás del hambre y de la vida.

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